Cristo es la luz: Comentario P. Jorge Miró

Domingo, 19 de marzo de 2023

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El padre Jorge Miró comparte con los lectores de Exaudi su comentario sobre el Evangelio de hoy, 19 de marzo de 2023, titulado “Cristo es la luz”.

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Hoy celebramos el Domingo llamado de laetare, de la alegría, porque cantamos en la antífona de entrada: Alégrate, Jerusalén, reuníos todos los que la amáis, regocijaos los que estuvisteis tristes para que exultéis; mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos (cf. Is 66, 10).

¿Cuál es la causa de tanta alegría? Nos lo ha dicho san Pablo en la segunda lectura: Antes erais tinieblas, ahora sois luz por el Señor.

En el evangelio contemplamos el milagro de la curación del ciego de nacimiento. En el ciego de nacimiento estamos representados todos los hombres: todos vivimos en la más profunda oscuridad hasta que nos encontramos con Jesús y dejamos que Él ilumine nuestro corazón. Cuando Jesús ilumina nuestro corazón las tinieblas se desvanecen y vemos con claridad, aunque la amenaza de la oscuridad está siempre presente, y, por tanto, la vida cristiana es una permanente lucha entre la luz y las tinieblas.

Como consecuencia del pecado original, la naturaleza humana no está totalmente corrompida: está herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado (cf. Catecismo 405).

La doctrina del pecado original es, por así decirlo, «el reverso» de la Buena Nueva de que Jesús es el Salvador de todos los hombres, que todos necesitan salvación y que la salvación es ofrecida a todos gracias a Cristo (cf. Catecismo 389).


Jesús es la luz y nos da la luz que nos permite ver. El milagro es como una explicación del bautismo, que nos hace capaces de ver: igual que Adán fue creado del barro de la tierra, Cristo hizo barro con su saliva, lo untó en los ojos del ciego y le mandó lavárselos con agua, y el ciego empezó a ver… En el bautismo Cristo nos vuelve a crear, comenzamos una vida nueva.

Comenzamos un camino, una peregrinación que culminará cuando lleguemos a la meta: el cielo. Es un camino de crecimiento y de conversión. Como el ciego, que comienza creyendo que Jesús es un profeta, luego lo reconoce como alguien que viene de Dios y al final confiesa que es el Mesías y se postra ante él.

Hoy, Jesús, a ti y a mí nos hace la misma pregunta que al ciego de nacimiento: ¿Crees tú en el Hijo del hombre?

En este camino cuaresmal, la Palabra te invita a salir de las tinieblas y a buscar la luz que es Cristo. Te invita a que revises tu vida a la luz de la enseñanza de Jesucristo y de la Iglesia y que veas si tu vida se ajusta a la luz que es Cristo, o si todavía quedan zonas oscuras llenas de tinieblas que es preciso iluminar. Caminar en la luz significa no dejarte guiar por la ceguera de tus instintos y de tus pasiones, sino vivir guiado por la Palabra de Dios. Nos lo ha dicho san Pablo: vivid como hijos de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas.

Y así podrás vivir la experiencia que describe san Pablo: Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz. Podrás ver como iluminado por Jesucristo tienes vida y vida en abundancia y puedes vivir cantando el salmo:  El Señor es mi pastor, nada me falta… repara mis fuerzas… Nada temo, porque tú vas conmigo… Me unges la cabeza con perfume… Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida.

Porque la fe es la actitud que caracteriza al discípulo, establece una relación personal con Jesús. Una relación que, por el don del Espíritu Santo, te regala unos ojos nuevos, un corazón nuevo con el que puedes confiar y descansar