Ecuador: “Bebés al cielo”, sepultura para niños abortados

Misa por 25 de ellos

Ecuador bebés cielo
25 bebés reciben sepultura en Quito, Ecuador © Arquidiócesis de Quito

A través del proyecto “Bebés al Cielo”, 25 bebés que fueron abortados y hallados en diversas circunstancias en los barrios capitalinos fueron sepultados la mañana del 21 de mayo, en el Parque Santo Jardines de Santa Rosa, al sur de Quito, Ecuador, informa la arquidiócesis de Quito en una nota publicada ayer, 26 de mayo de 2021.

De acuerdo a la misma, “Bebés al Cielo” es una iniciativa de la Pastoral Familiar de la arquidiócesis de Quito junto con el Servicio Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Ecuador. Tras el entierro de este día, ya son unos 116 bebés abortados los que recibieron sepultura desde el año 2017. En ese primer año fueron 51 los bebés; en 2018 40 y ahora 25 bebés enterrados entre 10 semanas de gestación y recién nacidos.

Los cuerpos de estos pequeños habían permanecido en el departamento de Medicina legan y Ciencias Forenses de la Policía Nacional desde hace varios años sin ser reconocidos, indica el texto.

La vida humana es sagrada

La Eucaristía de sepelio fue presidida por el obispo auxiliar de Quito, Mons. Danilo Echeverría quien indicó que una de las realidades dolorosas del mundo actual es que “solamente se valora aquellas cosas que son caras, que tienen un precio económico grande”, y lo que es gratuito “queda en segundo plano”.

Asimismo, el prelado lamentó que actualmente “la vida, sobre todo la vida de un ser inocente, de un ser indefenso, ha pasado a ser algo negociable, ya no se lo considera algo sagrado”.

“Esa vida humana que no tiene voz para reclamar, que no tiene presencia para hacerse notar, y que requiere de personas con gran corazón, con un sentido profundo de dignidad, que hagan valer sus derechos, que hagan valer el don extraordinario que han recibido de haber sido llamados a la existencia”, agregó.

Finalmente, Mons. Echeverría pidió a Dios que mueva el corazón de los ciudadanos para entender que “la vida humana es sagrada, que jamás se puede violentar a ninguna persona”, más si es un ser inocente.