“Que todas las personas tengan fácil acceso a las vacunas”

Discurso del Papa a los embajadores con motivo de la presentación de sus Cartas Credenciales

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El Santo Padre hace entrega de las cartas credenciales a los embajadores ©Vatican Media

El Papa Francisco ha indicado a los embajadores que es importante “que la comunidad internacional intensifique sus esfuerzos de cooperación para que todas las personas tengan fácil acceso a las vacunas”. “No se trata de una cuestión de conveniencia o cortesía, sino de justicia”, expresó en su discurso con motivo de la presentación de las cartas credenciales de los embajadores.

Hoy, 17 de diciembre del 2021, día de su 85 cumpleaños, el Santo Padre ha recibido en el Palacio Apostólico del Vaticano a los embajadores de Moldavia, Kirguistán, Namibia, Lesoto, Luxemburgo, Chad y Guinea Bissau ante la Santa Sede, con motivo de la presentación de sus Cartas Credenciales.

Esperanza en las primeras vacunas

En su discurso, el Papa ha recordado cuando hace algo más de un año para la misma ceremonia, “el mundo seguía sumido en la pandemia, aunque se vislumbraban en el horizonte signos de esperanza al estar a punto de administrarse las primeras vacunas”. En aquel momento, “muchos creyeron que su llegada anunciaba un rápido fin de la pandemia”. Aunque se han hecho “grandes progresos desde entonces, vemos un año después cómo el COVID-19 sigue causando dolor y sufrimiento, por no mencionar la pérdida de vidas”.

Sobre esta cuestión, Francisco ha resaltado la importancia de “que la comunidad internacional intensifique sus esfuerzos de cooperación para que todas las personas tengan fácil acceso a las vacunas. No se trata de una cuestión de conveniencia o cortesía, sino de justicia”, ha añadido.

Somos una comunidad global

Papa embajadores acceso vacunasIgualmente, el Pontífice se refirió a que la realidad de la pandemia en curso es un “recordatorio más de que somos una comunidad global donde los problemas de una persona son los problemas de todos” (Enc. Lett. Fratelli tutti, 32). Por eso, “a pesar de todos nuestros avances médicos y tecnológicos a lo largo de los años, algo microscópico -un objeto aparentemente insignificante- ha cambiado nuestro mundo para siempre, nos demos cuenta o no”.  “Como tuve ocasión de comentar al principio de la pandemia-subrayó el Santo Padre- es urgente aprender de esta experiencia y abrir los ojos para ver lo más importante: los unos a los otros” (cf. Momento Extraordinario de Oración, 27 de marzo de 2020), ha añadido.

Del mismo modo, Su Santidad espera sinceramente que “a través de esta experiencia la comunidad internacional llegue a una mayor comprensión del hecho de que somos una sola familia humana; cada uno de nosotros es responsable de nuestros hermanos y hermanas, ninguno excluido”.

Promover una “cultura del encuentro”

El Obispo de Roma ha señalado también que “si bien la pandemia ha sacado lo mejor de la humanidad en términos de actos individuales y colectivos de generosidad, servicio y sacrificio, es necesario hacer mucho más a nivel institucional e intergubernamental para promover una “cultura del encuentro” al servicio del bien común de nuestra familia humana”.

Por otro lado, el Sucesor de Pedro ha valorado el trabajo de los embajadores que “se realiza a menudo en silencio y sin reconocimiento público”. Sin embargo, “ustedes ya entienden lo que el mundo necesita aprender de la pandemia: la necesidad de cultivar las relaciones y facilitar el entendimiento mutuo con personas de diversas culturas y orígenes para trabajar juntos en la construcción de un mundo más justo”, concluye.

A continuación el discurso completo del Santo Padre traducido por Exaudi.

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Discurso del Santo Padre

Excelentísimos señores,

Me complace recibirles para la presentación de las Cartas que les acreditan como Embajadores Extraordinarios y Plenipotenciarios de sus países ante la Santa Sede: Moldavia, Kirguistán, Namibia, Lesoto, Luxemburgo, Chad y Guinea-Bissau. Le ruego que transmita mis sentimientos de estima a sus respectivos Jefes de Estado, junto con la seguridad de mis oraciones para que Dios Todopoderoso les bendiga abundantemente a ellos y a sus conciudadanos con la paz y la prosperidad.

Cuando me reuní con sus colegas hace algo más de un año para la misma ceremonia, el mundo seguía sumido en la pandemia, aunque se vislumbraban en el horizonte signos de esperanza al estar a punto de administrarse las primeras vacunas. En aquel momento, muchos creyeron que su llegada anunciaba un rápido fin de la pandemia. Aunque se han hecho grandes progresos desde entonces, vemos un año después cómo el COVID-19 sigue causando dolor y sufrimiento, por no mencionar la pérdida de vidas. Es importante que la comunidad internacional intensifique sus esfuerzos de cooperación para que todas las personas tengan fácil acceso a las vacunas. No se trata de una cuestión de conveniencia o cortesía, sino de justicia.

La realidad de la pandemia en curso es un recordatorio más de que somos “una comunidad global donde los problemas de una persona son los problemas de todos” (Enc. Lett. Fratelli tutti, 32). A pesar de todos nuestros avances médicos y tecnológicos a lo largo de los años, algo microscópico -un objeto aparentemente insignificante- ha cambiado nuestro mundo para siempre, nos demos cuenta o no. Como tuve ocasión de comentar al principio de la pandemia, es urgente aprender de esta experiencia y abrir los ojos para ver lo más importante: los unos a los otros (cf. Momento Extraordinario de Oración, 27 de marzo de 2020). En particular, espero sinceramente que a través de esta experiencia la comunidad internacional llegue a una mayor comprensión del hecho de que somos una sola familia humana; cada uno de nosotros es responsable de nuestros hermanos y hermanas, ninguno excluido. Esta es una verdad que debería obligarnos a afrontar no sólo la actual crisis sanitaria, sino todos los problemas que asolan a la humanidad y a nuestra casa común -la pobreza, la migración, el terrorismo, el cambio climático, por nombrar algunos- de forma solidaria y no aislada.

Si bien la pandemia ha sacado lo mejor de la humanidad en términos de actos individuales y colectivos de generosidad, servicio y sacrificio, es necesario hacer mucho más a nivel institucional e intergubernamental para promover una “cultura del encuentro” al servicio del bien común de nuestra familia humana. A este respecto, la Santa Sede valora el importante papel que desempeñáis, como lo demuestra su propia presencia diplomática y su compromiso en la comunidad internacional. Vuestro trabajo, queridos embajadores, se realiza a menudo en silencio y sin reconocimiento público. Sin embargo, ustedes ya entienden lo que el mundo necesita aprender de la pandemia: la necesidad de cultivar las relaciones y facilitar el entendimiento mutuo con personas de diversas culturas y orígenes para trabajar juntos en la construcción de un mundo más justo. El principal instrumento a su disposición para llevar a cabo esta tarea es el diálogo. En contraste con cualquier concepción peyorativa de esta poderosa forma de comunicación, los diplomáticos son conscientes del “poder paciente y desenvuelto del diálogo” (Reunión con autoridades, sociedad civil y cuerpo diplomático, Nicosia – Chipre, 2 de diciembre de 2021).

Queridos embajadores, al comenzar su nueva misión, les expreso mis mejores deseos y les aseguro que las oficinas de la Santa Sede están dispuestas a entablar con ustedes un diálogo fructífero para abordar asuntos de interés común, especialmente los que afectan a la humanidad y a nuestra casa común. Invoco cordialmente sobre usted, sus familias, sus colaboradores diplomáticos y su personal, abundantes bendiciones divinas. Gracias.

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