Epifanía: La estrella que nos manifiesta la luz

¿Seremos capaces de regalarnos en forma de oro, incienso y mirra a los demás?

Epifanía estrella luz
Epifanía © Cathopic. Il Ragazzo

El sacerdote Gonzalo Martín comparte con los lectores de Exaudi este artículo sobre la fiesta de la Epifanía, “La estrella que nos manifiesta la luz”, celebrada cada 6 de enero.

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La fiesta de la Epifanía celebra el derrumbamiento del muro que separaba a los hombres, haciendo de todos, un solo pueblo (Ef 2,14), porque “también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio” (Ef 3,6).

El Dios que nace en Belén no es el Dios de un pueblo, sino el Dios del hombre. La luz que nace en Belén no puede quedar aprisionada, por eso sube, en forma de estrella, al firmamento, para encender la esperanza de todas las naciones y alumbrar sus pasos en la búsqueda de la Verdad e iluminando todas nuestras realidades.

El relato evangélico aporta lecciones de una gran profundidad porque nos presenta a los Magos como figuras teológicamente significativas y transformadoras para la vida cristiana.

Desde una situación de búsqueda, abiertos a la Verdad, al menor indicio abandonan sus seguridades y se ponen en camino. Y, se hacen peregrinos de la verdad y de la fe, preguntan, investigan y, por fin, se postran y adoran la Verdad, que les Ilumina para volver por otro camino a sus realidades personales después de ofrecer sus presentes. Una búsqueda, que se les manifiesta en la pobreza de un niño, lo cual, no les defrauda, sino, todo lo contrario, les afianza en su caminar.

Actitudes de los Magos, que difieren de la de Herodes, que se siente amenazado o la de los Sumos sacerdotes y letrados de Jerusalén, que, conociendo las profecías de la Escritura, no dieron un paso para buscar y descubrir la Luz de la humanidad.

La Biblia, no nos relata las características de estos Magos, pero basándonos en manuscritos encontrados, podemos descubrir que a Melchor se le conoce como hombre anciano con barba blanca que ofrece ese oro por la realeza de Cristo. De Gaspar se dice que sería de la zona asiática portando incienso porque ese Niño es Divino. Mientras que Baltasar sería de raza negra regalando al Salvador la mirra, sustancia que se usaba para fortalecer las heridas de los derrumbados y enfermos y embalsamar los cadáveres, simbolizando la humanidad de Jesús.

Ante todo esto, y apoyándonos en san Agustín, que nos dice en sus sermones sobre la Epifanía, que los Magos llegaron el día 13 después del nacimiento del Señor, deducimos que la fiesta, por este motivo, se celebra según nuestro calendario, el 6 de enero.

En Mateo, en el capítulo II se menciona: “Cuando Jesús nació e Belén, en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque hemos visto su estrella y venimos a adorarle…”.

La liturgia de este día nos invita a celebrar la solemnidad de la Epifanía, la manifestación del Señor como luz y salvador de la humanidad, el cual, había nacido en una gruta oculta de Belén, en noche fría y oscura, que fue iluminada por la Estrella.

Esa Luz, hoy brille sobre cada uno de nosotros, a través de esa Palabra de Dios Encarnada que ilumina y guía cada uno de nuestros pasos, si estamos dispuestos como los Magos, a recorrer el camino, a salir en búsqueda y a tener la capacidad para arrodillarnos ya adorar lo pequeño, lo sencillo, lo humilde que contemplamos en el Niño Dios de Belén.

Y cuando tenemos esa capacidad, como los Magos, seremos capaces de volver siempre a nuestra vida con un corazón iluminado, transformado y capacitado para regresar a nuestra vida por un camino distinto. Porque la Manifestación del Salvador de los Hombres, realizada en Belén, no es una bonita teoría, sino el encuentro personal con el Hijo Dios, que nos ilumina, desde la fe, todo nuestro existir.

Hoy, tenemos la oportunidad de volver a ser buscadores, a ponernos en camino, a dejar, por un lado, que la Estrella de la Fe nos vuelva a conducir hasta el Belén personal de nuestra historia particular, y a la vez que somos iluminados por quien es la Luz, ser estrellas y luz en el camino de la vida para los demás.

No dejes de buscar, no pares en tu caminar. La Estrella que guiaron a los Magos, te quiere guiar a ti también, para que vuelvas a tu vida por un camino nuevo e iluminado, capaz de sorprendernos y dejarnos sorprender por el gran Misterio del Niño Dios nacido en Belén, para ser luz del mundo y el salvador de los hombres.

La Ilusión de los regalos no se apague. Dios se nos regaló en los Magos de Oriente. ¿Seremos capaces de regalarnos en forma de oro, incienso y mirra a los demás? ¿Nos dejaremos seguir iluminado por la Fe y ser “estrellas” luminosas para los demás? ¿Tendremos la capacidad de postrarnos ante nuestros hermanos, para vivir en continua adoración a nuestro Dios?

Volvamos por otro camino, no para dar razones a los “herodes” de hoy en día, sino para encontrarnos y caminar de la mano con nuestros hermanos, y hacer que brille la Luz del Amor encarnado en nuestros días.

Que la Estrella nos ilumine y nos haga ver desde la verdadera Luz: Jesús.

Feliz y santo día de la Epifanía.