La eutanasia: Un homicidio legal

Ley aprobada en España

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Sacerdote cuidando a una anciana en el hospital © Cathopic

La doctora María Elisabeth de los Ríos Uriarte, profesora e investigadora de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac de México, ofrece a los lectores de Exaudi su artículo “La eutanasia: un homicidio legal”, sobre las consecuencias de la reciente aprobación de la Ley de la eutanasia en España.

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Los recientes hechos en España en donde se ha avalado la ley de la eutanasia obligan a pensar en las consecuencias de una acción de este nivel que permite ponerle fin a la vida de una persona.

En la película “Mar adentro” (historia verídica) Ramón Sampedro, un marinero joven queda tetrapléjico a causa de un accidente y desde entonces solicita la eutanasia porque no le parece “vida” depender de otros. Entabla así, una batalla legal para que le sea permitido que alguien le ponga fin a su vida.

Después de múltiples intentos fallidos para que le fuera permitido, termina por echar mano de una mujer que se había enamorado de él quien le auxilia consiguiéndole una sustancia letal que deja en la boca de Ramón mediante un popote, lista para ser sorbida por aquél en el momento en que así lo desee. 

Este escenario hoy ya no representa mayores retos pues, a petición de una persona que presente una enfermedad crónica e incurable y tras dos veces de hacerlo por escrito, cualquier español puede obtener la autorización para ser ayudado por un médico y ponerle fin a su vida (suicidio asistido) o bien para que un médico le aplique algún medicamento que pare su corazón (eutanasia).

España se ha sumado así a cinco países que regulan la eutanasia de forma legal y en noviembre de este año se añadirá a la lista Nueva Zelanda. La mayoría son países europeos pero no es menos importante que en América, Colombia lo sea también. Esto significa que, la tendencia mundial va para allá. Por lo que conviene reflexionar algunos aspectos éticos antes de dejarnos arrastrar por la marea.

En primer lugar, la eutanasia es un acto, provocado por un tercero, que provoca la muerte de una persona, por ende, es un homicidio. En el caso de que fuera legal, es un homicidio “legal” lo que no lo hace menos grave pues el problema de fondo sigue estando en la eliminación de una vida humana que, en principio, debe ser respetada. Aún con el consentimiento del paciente, matarlo es un acto criminal. Que no se persiga ni condene, repito, no lo hace menos grave desde la óptica de la ética. El consentimiento no otorga licitud. 

Ahora bien, existen numerosos estudios que examinan las causas que llevan a una persona a solicitar la eutanasia, la mayoría de ellas son transitorias: soledad, dolor, desesperación, tristeza, depresión, etc. Por su parte, los cuidados paliativos que tienen por finalidad brindar calidad de vida a los pacientes y sus familias, atendiendo los aspectos físicos, psicológicos y espirituales de los enfermos, cuando son oportunamente ofrecidos y recibidos por el paciente atacan la raíz de estas causas y, en la mayoría de las ocasiones hacen que las peticiones disminuyan drásticamente. 

Uno de los peligros más importantes al legalizar actos que atentan contra la vida y salud de una persona, es caer en generalizaciones que hagan pensar en que más que ser un derecho lo que se reclama, es un deber establecido lo que se defiende, de tal manera que, abrir la posibilidad de pedir la eutanasia puede traducirse en un deber de administrarla, por lo que debe estar presente y reconocida, a la par, la figura de la objeción de conciencia que le permita al médico objetar aún ante la petición expresa de un paciente, en razón de sus valores y/o creencias personales, religiosas o morales.

Una última consideración versa sobre el adjetivo “digno” impuesto al reclamo del supuesto derecho a morir. La muerte, al igual que el nacimiento, no pueden ser ni más ni menos dignos, simplemente acontecen, simplemente son.

Cierto que, los pacientes terminales, cuando están próximos a morir presentan síntomas y signos muy fuertes y demasiado impactantes para los familiares pero, aún en esos momentos, es posible la sedación paliativa que no terminará con la vida del paciente pero disminuirá considerablemente estos síntomas incómodos para todos. 

Estamos frente a la posibilidad de imitar tendencias mundiales que apuntan a fortalecer una cultura del descarte o  asumir el reto de buscar nuevas maneras de hacer valer la vida, no como valor absoluto pero sí como superior, porque de ella depende, incluso, la autonomía que lleva a pedir ponerle fin.