Evangelio, 17 de octubre: Comentario de Mons. Enrique Díaz

Sobre la apertura del camino sinodal

Evangelio, 17 de octubre: Comentario de Mons. Enrique Díaz
Misa de apertura del Sínodo © Vatican Media
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Monseñor Enrique Díaz Díaz comparte con los lectores de Exaudi su comentario sobre el Evangelio del próximo 17 de octubre de 2021, XXIX Domingo del Tiempo Ordinario, en el que aborda la apertura del camino sinodal hecha por el Papa Francisco.

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Isaías 53, 10-11: “El Siervo del Señor hizo de su vida un sacrificio”


Salmo 32: “Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor”.

Hebreos 4, 14-16: “Acerquémonos con plena confianza al trono de la gracia”.

San Marcos 10, 35-45: “El Hijo del hombre ha venido a dar la vida por la redención de todos”.

El domingo pasado 10 de Octubre el Papa Francisco en una bella ceremonia, precedida por una profunda reflexión del día anterior, inauguró el itinerario para el próximo sínodo. Hacía una invitación a todos los fieles a participar en esta primera fase de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, cuyo tema es «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión».

Partiendo del evangelio dominical se centraba en tres verbos principales que nos pueden acompañar en este camino: encontrar, escuchar y discernir. Nos invita a que hoy en cada diócesis se haga también una apertura de este Sínodo que quiere contar con la participación de todos. Los textos de este día se prestan para con esos mismos verbos iniciar un proceso de encuentro, escucha y discernimiento en nuestro camino de sinodalidad. 

En el pasaje de este día todo es contraste: entre el cielo y la tierra, entre los proyectos del hombre y los proyectos de Jesús, entre los caminos terrenales y los del Reino de los Cielos. Jesús, en un ambiente de intimidad y confianza, en ese ambiente de encuentro, abre su corazón y manifesta a sus discípulos cuál es el itinerario que lo llevará hasta la cruz, su supremo acto de amor.

Por su parte Santiago y Juan parecen no comprender lo que ha hablado el maestro y también abren su corazón y lo descubren lleno de ambición por el poder. Como si no hubieran escuchado la revelación que les hace Jesús en el camino hacia Jerusalén, hacen caso omiso del anuncio de los sufrimientos y de los dolores, porque tienen en su mente otras propuestas. Contraste pleno entre los criterios y valores del maestro y las ambiciones de sus seguidores.

Las discusiones por los primeros lugares, las envidias y las zancadillas también encuentran su espacio entre los discípulos. Jesús aprovecha la oportunidad no sólo para descubrir las ambiciones de sus discípulos sino para desenmascarar las estructuras del poder, de la riqueza y de los gobiernos. Las luchas encarnizadas entre los partidos, y dentro de ellos, no son para servir y para buscar un mejor país, las luchas son para obtener el poder personal o sectario y utilizan como pretexto el bien de la nación.

Jesús nos enseña cuál es la verdadera vocación del discípulo y de toda persona que quiere tener un puesto frente a la comunidad: “el que quiera ser grande entre ustedes que sea su servidor”. Rompe Jesús los valores del mundo y establece nuevos valores que harán crecer el sentido fraternal y comunitario.

Jesús no ha venido a ser servido sino a servir y nos lo enseña en cada acto de su vida. Pero además se pone como ejemplo de quien lo quiera seguir. Ese es el sentido de la misión: una fuente que se abre generosa para servir y para vivificar. Desgastándose y disolviéndose como el agua generosa que parece perderse en la tierra fecunda, pero hace crecer la semilla y la fortalece para que pueda dar frutos.

La propuesta de Jesús no es una misión de conquista ni lucha de poderes. Algunos grupos religiosos proselitistas y combativos utilizan la religión y la Palabra de Dios para sus propios intereses, para obtener ventajas y beneficios. Estaríamos muy equivocados y seguiríamos los mismos senderos de “los jefes de las naciones que las gobiernan y las oprimen”. Para llevar el mensaje se necesita servir. No podemos tener otro modelo de misión que la misma vida de Jesús. Si queremos cumplir con la misión de Jesús tendremos que seguir sus mismos pasos y adoptar sus mismas actitudes: Él, siendo el Señor, se hizo servidor y obediente hasta la muerte de cruz; siendo rico, eligió ser pobre por nosotros, enseñándonos el itinerario de nuestra vocación de discípulos y misioneros. Es el camino de la sinodalidad: acercarse al otro para caminar juntos. En el Evangelio aprendemos la sublime lección de ser pobres siguiendo a Jesús pobre y la de anunciar el Evangelio de la paz sin bolsa ni alforja, sin poner nuestra confianza en el dinero ni en el poder de este mundo. La gran fuente que nos llenará internamente será el encuentro personal y comunitario con Jesús, mirarnos en Él y con Él, escuchar sus proyectos y sueños, confrontar nuestros ideales con los suyos y discernir nuestros deseos con lo que Él mismo nos propone.

Por ello, los cristianos necesitamos recomenzar desde Cristo, desde la contemplación de quien nos ha revelado en su misterio la plenitud del cumplimiento de la vocación humana y de su sentido. Necesitamos hacernos discípulos dóciles, para aprender de Él, en su seguimiento, la dignidad y plenitud de la vida. Y después, con un gozo que no cabe en el corazón, llevaremos Buena Nueva a un mundo que se pierde en la desesperación y no encuentra una brújula que guíe sus pasos.

En Cristo Palabra, Sabiduría de Dios, nuestro mundo puede volver a encontrar su centro y su profundidad.  La propuesta en este domingo también es la fraternidad y el servicio, porque no podemos ni queremos quedarnos solos, ni construir aislados el proyecto de Dios, porque si hemos descubierto que Dios es nuestro Padre tendremos que comprometernos en una vida de dignidad para todos los hermanos; porque si hemos vivido la gratuidad de su amor, manifestaremos nuestro amor a los hermanos de formas concretas y comprometidas; porque si hemos recibido la misma misión de Jesús, estaremos dispuestos a afrontar sus mismas consecuencias: “amó hasta el extremo”.

 Esta apertura en nuestras Iglesias de la preparación para la asamblea sinodal, será un día  espacial para discernir que sólo podremos caminar juntos si aprendemos a servir, a amar a todos a plenitud, porque tenemos el corazón lleno del amor de Jesús. Sólo así podremos caminar junto a los hermanos. 

Padre Bueno, Tú quieres que tu amor llegue a todas las naciones, enséñanos a proclamar tu Palabra sirviendo generosamente y amando sin medida ni distinción de personas para así construir la familia universal. Amén.




Nació en Huandacareo, Michoacán, México, en 1952. Realizó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario de Morelia. Ordenado diácono el 22 de mayo de 1977, y presbítero el 23 de octubre del mismo año. Obtuvo la Licenciatura en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico en Roma. Ha desarrollado múltiples encargos pastorales como el de capellán de la rectoría de las Tres Aves Marías; responsable de la Pastoral Bíblica Diocesana y director de la Escuela Bíblica en Morelia; maestro de Biblia en el Seminario Conciliar de Morelia, párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, Col. Guadalupe, Morelia; o vicario episcopal para la Zona de Nuestra Señora de la Luz, Pátzcuaro. Ordenado obispo auxiliar de san Cristóbal de las Casas en 2003. En la Conferencia Episcopal formó parte de las Comisiones de Biblia, Diaconado y Ministerios Laicales. Fue responsable de las Dimensiones de Ministerios Laicales, de Educación y Cultura. Ha participado en encuentros latinoamericanos y mundiales sobre el Diaconado Permanente. Actualmente es el responsable de la Dimensión de Pastoral de la Cultura. Participó como Miembro del Sínodo de Obispos sobre la Palabra de Dios en la Vida y Misión de la Iglesia en Roma, en 2008. Recibió el nombramiento de obispo coadjutor de San Cristóbal de las Casas en 2014. Nombrado II obispo de Irapuato el día 11 de marzo, tomó posesión el 19 de Mayo. Colabora en varias revistas y publicaciones sobre todo con la reflexión diaria y dominical tanto en audio como escrita.
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