Jornada de las Misiones 2021: El papel insustituible de los misioneros

Presentación de la Jornada Mundial de las Misiones 2021

Misiones 2021
Misión en África © Vatican Media

Un versículo de los Hechos de los Apóstoles, “No podemos callar lo que hemos visto y oído”, es el tema elegido para la próxima Jornada Mundial de las Misiones, que se celebrará el domingo 24 de octubre. El evento fue presentado en conferencia de prensa por el cardenal Luis Antonio G. Tagle, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, monseñor Giampietro Dal Toso, presidente de las Obras Misionales Pontificias (OMP) y secretario adjunto de la Congregación, y sor Alessandra Dalpozzo, madre general de las Hermanas Franciscanas Siervas de María. Un encuentro que puso de relieve el papel insustituible de los misioneros, portadores de la paz de Cristo en el mundo.

Tras la presentación de un breve vídeo que promueve las misiones en el mundo, el cardenal filipino ofreció algunas reflexiones sobre el texto del mensaje del Santo Padre, publicado a finales de enero, a partir del relato del episodio de los Hechos que ve a Pedro y Juan como protagonistas.

La experiencia de Jesús

“No se trata de una historia ideal o romántica, hay que situarla en el contexto del anuncio de la Palabra y de la persecución, que continúa aún hoy -recordó Tagle-, el Papa se centró en un tema que es válido para todo el quehacer misionero”. ¿Cuál es el secreto de este celo y esta alegría de los apóstoles que debemos tener nosotros? El Papa respondió que viene de haber experimentado el amor de Dios en Jesús, de haber vivido la amistad de Jesús, de haber visto cómo tocaba a los enfermos…

Había dificultades, pero el don de Jesús superaba las dificultades que había que soportar. Vieron con sus propios ojos que las cosas podían ser diferentes, cómo Jesús había inaugurado una nueva era, un futuro en el que todos tenían puestas sus esperanzas. La experiencia de Jesús lleva al estado misionero”. Lo cual, subrayó el prefecto, “es una expresión de gratitud, no es una carga, no tiene sólo una finalidad pragmático-funcional”. Los misioneros “llevan el Evangelio de la compasión y la esperanza”.

Un regalo para compartir

Tagle también recordó que el Papa dice que “no podemos retener al Señor para nosotros, debemos compartirlo”. Cuanto más compartimos la fe, más crece, si la guardamos para nosotros mismos se vuelve débil y si la mantenemos dentro de un grupo pequeño puede volverse elitista. La misión -concluyó- se basa siempre espiritualmente en la experiencia de Jesús que nos hace salir de nosotros mismos para compartirla con todos. Jesús necesita corazones capaces de expresar la vocación como una verdadera historia de amor y fidelidad más allá del sufrimiento”. Un papel que todos los misioneros están llamados a desempeñar.

Monseñor Dal Toso proyectó la Jornada Misionera hacia una serie de aniversarios en el próximo año vinculados “al mundo misionero: 400 años de la Congregación, 200 años de la fundación de la primera obra misionera, la Obra de Propagación de la Fe, 100 años de la elevación a rango pontificio de tres de nuestras cuatro obras, 150 años del nacimiento del fundador de la Pontificia Unión Misional”. En este contexto, el 22 de mayo tendrá lugar en Lyon la beatificación de Pauline Jaricot, fundadora de la primera Obra, fallecida en 1862. Monseñor Dal Toso centró su discurso en esta figura, destacando tres aspectos de la misma.

Una mujer joven

“El primero es que es una mujer joven. Estos días se habla mucho de la promoción de la mujer en la Iglesia. Una mirada a la historia nos dice que las mujeres han tenido un enorme impacto en la vida de la Iglesia, y este es uno de esos ejemplos que muestran cómo la verdadera inspiración encuentra un lugar en la Iglesia, quizás precisamente porque viene de una mujer”. Una mujer que nunca ha entrado en un convento.

Una gran misionera

La segunda es que “Pauline fue una gran misionera. Me parece importante señalar que la clave para entender a esta mujer era su ansiedad misionera. La Obra de la Propagación de la Fe, y antes sus círculos de oración para la misión, el Rosario Viviente, su intento de construir una fábrica ideal para satisfacer las necesidades espirituales y promover la dignidad de los trabajadores de la época, todo ello se hizo para evangelizar el entorno francés y apoyar la misión en un periodo de fuerte descristianización tras la Revolución Francesa. Sintéticamente, creo que podemos decir, y esto es también el corazón de las Obras Misionales Pontificias, que querían implicar a la misión en tierras lejanas para evangelizar en tierras vecinas.

Una semilla que dio sus frutos

Por último, “Pauline es una semilla de la que ha brotado un gran árbol. Es excepcional no sólo por la santidad de su vida, sino por la grandeza de los frutos de su trabajo. Puso en marcha un verdadero movimiento misionero espiritual gracias a la Obra de la Propagación de la Fe, que tuvo una difusión inmediata y capilar, también porque se basó en un sistema sencillo pero ingenioso: grupos de 10 personas, que luego se reunieron en 100 y después en mil con un responsable en cada nivel.

Un año más tarde, la Ópera fue reconocida por Pío VII y, en 1825, el rey de Francia la tomó bajo su protección con un regalo de 4.000 francos. Si en 1822 recaudó 22.915 francos, en 1838 ya eran 1.343.000 y dos años más tarde 2,5 millones, el 45% de los cuales se recaudaron fuera de Francia. Según los cálculos realizados, esto corresponde al menos a 50 millones de euros actuales”. El ejemplo de Pauline llevó al obispo Forbin-Janson a aplicar este modelo a la naciente Obra de la Infancia Misionera. La contribución de las Sociedades, que nació de esta intuición, fue esencial para la historia de las misiones en los siglos XIX y XX”, dijo monseñor Dal Toso, “porque involucraron a la base de los fieles católicos y los sensibilizaron con la misión”.

Un “efecto” que aún hoy perdura: “En el año en curso, la Sociedad de Propagación de la Fe apoyó a 893 circunscripciones eclesiásticas en territorios de misión con una contribución para gastos corrientes e invirtió más de 10 millones de dólares en la formación de catequistas, mientras que la Sociedad de San Pedro Apóstol financió la formación de 76.541 seminaristas en 746 seminarios”.

Una experiencia concreta

La hermana Alessandra Dalpozzo, por su parte, contó la experiencia de la iniciativa puesta en marcha en Atambua, en la isla de Timor, a petición del obispo en 2010, con dos internados que acogen a numerosas niñas “a las que esperamos poder ofrecer pronto un entorno más sano y adecuado para su crecimiento”, una experiencia en la que han florecido nuevas vocaciones.

Con el crecimiento de las actividades y de la comunidad, las monjas también han conseguido construir una capilla dedicada a Santa María de las Nieves, en el centro del pueblo. “Es el lugar de oración de la comunidad, de algunos pasajes de su vida consagrada, donde se celebran bodas y bautizos, que acoge actividades con las chicas del internado o la preparación para los sacramentos. Momentos importantes en la vida del pueblo de Atambua. Con el único objetivo de llevar la paz, que es el don de Cristo muerto y resucitado por nosotros”.

Nuevas tecnologías para los misioneros

Mons. Dal Toso subrayó también el esfuerzo que están haciendo las direcciones nacionales para trabajar mucho más en el ámbito digital, como muestra el vídeo presentado. Además, durante el confinamiento, se creó un fondo especial para apoyar, por ejemplo, las radios locales, para ayudar a las parroquias en los países de misión, especialmente en África, donde las radios son una herramienta fundamental para los misioneros. Sin embargo, dijo, haciéndose eco de Card. Tagle, “sigue siendo un medio de comunicación, que no puede reemplazar el enfoque personal, cara a cara. Ha habido un florecimiento en nuestras iglesias porque ha habido misioneros que se han entregado, y cuando la persona se entrega hay un retorno”.