Liderazgo directivo: Más allá de los objetivos corporativos

Bajo una antropología realista

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Empresario señalando con el dedo © Pexels

El doctor Alejandro Fontana, profesor de Dirección General y Control Directivo en la Universidad de Piura, comparte con los lectores de Exaudi este artículo titulado El liderazgo directivo: más allá de los objetivos corporativos”.

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El liderazgo ha sido siempre una cualidad muy estimada en el entorno empresarial. Sin embargo, al momento de conceptualizarla se cometen algunos errores por desconocimiento de una antropología realista. Un líder va más allá de los objetivos corporativos; atiende, en primer lugar, la realidad personal de quienes lo rodean. Como sugirió Benedicto XVI, sabe generar una comunidad de personas en el ámbito empresarial. Y a partir de esta atención, consigue unos resultados sólidos y consistentes en el tiempo. 

Brevemente revisaré qué se piensa del líder y por qué estas conceptualizaciones no se ajustan a la realidad natural del hombre. Luego, presentaré la conceptualización que se ajusta a las demandas antropológicas, y describiré también el modo de ser del líder. 

Para muchos, el líder en una organización es el que consigue unos objetivos o unas metas predefinidas. Por ejemplo, el director comercial que alcanza la meta anual de ventas; o un jefe de proyecto, que consigue entregarlo en el plazo previsto o dentro del presupuesto estimado.  Líder, desde esta perspectiva, es la persona capaz de alcanzar con un equipo humano unos resultados. 

Para esta mentalidad, el líder es el jefe que consigue alinear al resto de la organización en un objetivo corporativo.  Así se explica que al líder se le exija ser un buen comunicador: tiene que conseguir extender la estrategia a toda la organización, y alinear intereses diversos tras el interés corporativo: la meta, el presupuesto.

En un sentido más amplio, hay quienes consideran que líder es quien consigue imponer sus propósitos al grupo. Para bien o para mal del conjunto, el líder cautiva, convence y tiene la fuerza para empujar al colectivo hacia el objetivo y la meta que él se ha propuesto. 

Pero estas definiciones de líder no atienden a las realidades más profundas de la naturaleza humana: permanecen en un nivel superficial, aunque, indudablemente, se apoyan en ciertas competencias y habilidades que deslumbran. La obtención de resultados no es sinónimo de liderazgo. En el ámbito empresarial los resultados son importantes -a nadie le cabe duda-, pero en la dimensión humana, más que los efectos externos, lo que realmente cuenta son las consecuencias en el interior de cada persona. 


Benedicto XVI, en su Encíclica Caritas in Veritate, pidió al sector empresarial colocar a las personas en el centro de la economía y las finanzas. Podemos decir, por tanto, que el aprendizaje interior es más importante que el producto o servicio externo que se consiga ofrecer: la realidad humana es superior a la realidad material. Además, en el entorno humano, como afirma Leonardo Polo, el éxito siempre es prematuro. Por tanto, más que atender a lo que se ha hecho, hay que mirar siempre hacia lo que se podrá hacer más adelante. El entorno humano es dinámico, no es estático ni puntual, y esto exige una continua preparación para nuevos retos y nuevas situaciones. Por eso, un enfoque centrado en el producto de hoy es siempre un enfoque de corto alcance.

En consecuencia, más que enfocarse en el producto o servicio, la organización, por razones netamente antropológicas, tiene que atender al desarrollo de competencias profesionales y de virtudes personales.

Líder es quien atiende, en primer lugar, a la realidad personal de cada uno de los miembros del grupo que tiene encargado. Quien ve en ellos fines, y no medios. Por tanto, el líder ayuda a desarrollar el potencial que tiene cada persona;  descubre posibilidades desconocidas incluso por los propios interesados; motiva y alienta a lanzarse a imposibles, o retos no imaginados por el protagonista; y sostiene en ese desarrollo. 

El líder propone, orienta, aconseja y enseña. Pero enseñar, como comentaba el Papa Francisco a un grupo de profesores y directores de colegios el año 2015, es una relación en la que cada profesor ha de sentirse totalmente envuelto como persona. Por eso, el líder se involucra con la mejora personal, y no se libra del esfuerzo necesario que exige todo desarrollo de habilidades y competencias. De modo que cuando persigue unos resultados, nunca utiliza el camino corto, sino la ruta exigente -también para él- de la adquisición de capacidades y virtudes. 

En este sentido, el líder consigue resultados, pero antes, virtudes y competencias en quienes lo rodean. Más aún, porque se enfoca en estos objetivos más internos, consigue resultados, aunque no siempre a corto plazo:  el éxito de una gestión depende de muchas variables, y no siempre todas ellas están bajo el dominio de quien lidera el equipo. El éxito es siempre una realidad incierta cuando no se persigue directamente, sino como consecuencia del verdadero crecimiento personal. Pero si los resultados no llegan en el corto plazo, aprecerán más adelante; y siempre, más sólidos y consistentes.  

Como sabe que trabaja con personas, cuida también las formas. Exige, pero acoge; anima y reconforta. Sus modos no son bruscos: son atentos, proporcionales, e incluso, con buen humor. Estas circunstancias hacen que entre el líder y el equipo nazcan lazos más profundos: una gran confianza, que permite compartir no solo preocupaciones profesionales, sino también de carácter personal. Por eso, este entorno de trabajo se vuelve muy atractivo para todos, y muchas veces da origen a amistades muy perdurables. El líder colabora profundamente en la generación de una comunidad de personas, como Benedicto XVI sugería a los empresarios italianos en mayo de 2010.

Hasta aquí esta breve reflexión sobre lo que es y no es ser líder.

A modo de conclusión, solo agregaría: el liderazgo es una cualidad construible por el directivo. No exige, a diferencia de la capacidad estratégica y de la capacidad ejecutiva, una componente innata. Sin embargo, sí reclama una apertura personal hacia la realidad; y de modo especial, a la realidad de carácter personal de los que lo rodean. Pero sobre todo, exige saber colocar dicha dimensión por encima de los objetivos propios o del colectivo. Por eso, solo quien trabaja sabiéndose rodeado de personas está en condiciones de ser líder.