Mons. Gallagher: Combatir pobreza con “energía asequible y fiable”

Discurso por el Diálogo de Alto Nivel de Naciones Unidas sobre Energía

Gallagher energía asequible pobreza
Monseñor Gallagher © Vatican Media

Monseñor Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados, hizo un discurso con motivo del Diálogo de Alto Nivel que Naciones Unidas organizó sobre la Energía, celebrada en el marco de la 76ª Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York del 20 al 25 de septiembre de 2021. Declaró “para eliminar la pobreza y el hambre debemos garantizar que todas las familias y hogares tengan un acceso suficiente a una energía asequible y fiable”.

Tecnología, infraestructura, asequibilidad    

La intervención del secretario en el Diálogo comenzó relatando que “en la actualidad, 759 millones de personas viven sin electricidad”, y mostrando la necesidad de “promover sistemas energéticos y micro-redes para los ‘consumidores finales’ a nivel local y dotar a las comunidades de infraestructuras energéticas duraderas”.

Además de “inculcar el respeto hacia las culturas locales y garantizar que sean capaces de gestionar y mantener sus propios recursos energéticos, de acuerdo con el principio de subsidiariedad, es vital y evitará las dependencias explotadoras de las grandes redes y burocracias energéticas”.

Producción y consumo

Seguidamente, el arzobispo ilustra cómo “mientras nos esforzamos colectivamente por garantizar el acceso a la energía para todos, debemos tener en cuenta el impacto resultante en el medio ambiente. La extracción, la transformación, el transporte y el consumo de combustibles fósiles y de energía sucia dañan el aire, el agua, el suelo, los ecosistemas y el clima”.


“Al igual que el acceso a la energía no está distribuido de forma uniforme, tampoco lo están los efectos negativos de la producción de energía. Su impacto desproporcionado en los pobres y en los que se encuentran en situación de vulnerabilidad, en algunas circunstancias provoca malestar social, impactos negativos en la salud, conflictos y numerosas violaciones de los derechos humanos”, afirma.

Transición energética

Siguiendo esta línea, el obispo inglés asevera que “una transición energética justa debería perseguir una producción, gestión y consumo de energía más inteligentes, eficientes y pacíficos, especialmente en aquellos ámbitos en los que es más probable que se desperdicie la energía. La producción de bienes desechables, los productos de baja calidad, los artículos de un solo uso y otras estrategias comerciales que desperdician energía a propósito son síntomas de una cultura del descarte”.

“La transición a una energía accesible y limpia es un deber que tenemos con millones de nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo, especialmente con los pobres, incluyendo a las generaciones que aún están por venir”, apunta. Y concluye citando al Papa Francisco con la “La civilización requiere energía”, pero “el uso de la energía no debe destruir la civilización”.