Navidad: “Dejémonos envolver por la cercanía de Dios”

Audiencia a los miembros de las delegaciones que este año han donado el pesebre y el árbol de Navidad

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Audiencia con los miembros de las delegaciones que este año han donado el pesebre y el árbol de Navidad en el Aula Pablo VI © Vatican Media

“No vivamos una Navidad falsa, por favor, ¡una Navidad comercial! Dejémonos envolver por la cercanía de Dios”, ha recordado el Papa Francisco en su discurso.

Hoy, 10 de diciembre de 2021, el Papa ha recibido en audiencia a los miembros de las delegaciones que este año han donado el pesebre y el árbol de Navidad que han sido instalados en la plaza de San Pedro y en el Aula Pablo VI del Vaticano. Por la tarde, se celebrará una pequeña ceremonia en la plaza de San Pedro para inaugurar el belén y encender el árbol de Navidad.

En sus palabras, Francisco ha agradecido y dado la bienvenida a las delegaciones del Perú, quienes han donado el pesebre para la Plaza de San Pedro; a la delegación de Trentino, en Italia, quienes han donado el árbol de Navidad y a la delegación de la parroquia de San Bartolomé in Gallio, en la diócesis de Padua, Italia, que han donado el pesebre para el Aula Pablo VI.

La llamada universal a la salvación

Navidad falsa cercanía DiosSobre los personajes del belén, el Pontífice ha explicado que han sido realizados con materiales y vestimentas propios de esos territorios que “representan a los pueblos de los Andes y simbolizan la llamada universal a la salvación. Jesús vino a la tierra en la concreción de un pueblo para salvar a todo hombre y mujer, de todas las culturas y nacionalidades. Se hizo pequeño para que pudiéramos acogerlo y recibir el don de la ternura de Dios”.

Del mismo modo, Su Santidad se ha referido a que esta noche, “al final de la ceremonia oficial de entrega, se encenderán las luces que decoran el árbol”. “Permanecerá junto al belén hasta el final de la temporada navideña y será admirada por peregrinos de muchos lugares”, añade.

El abeto “es un signo de Cristo”

El Santo Padre indica que el abeto “es un signo de Cristo, el árbol de la vida (cf. Ap 2,7), un árbol al que el hombre no tenía acceso a causa del pecado (cf. Gn 2,9)” y añade que “con la Navidad, la vida divina se une a la vida humana”. Por eso, el árbol de Navidad, “evoca el renacimiento, el don de Dios que se une al hombre para siempre, que nos da su vida. Las luces del abeto recuerdan la de Jesús, la luz del amor que sigue brillando en las noches del mundo”.

Asimismo, el Obispo de Roma señala el sentido de la Navidad para no dejar “que se contamine con el consumismo y la indiferencia. Sus símbolos, especialmente el pesebre y el árbol decorado, nos devuelven a la certeza que llena de paz nuestros corazones, a la alegría de la Encarnación, al Dios que se hace familiar: vive con nosotros, da un ritmo de esperanza a nuestros días”.

“No vivamos una Navidad falsa”

Sobre el árbol y el pesebre subraya que “nos introducen en el típico ambiente navideño que forma parte del patrimonio de nuestras comunidades: un ambiente de ternura, de compartir y de intimidad familiar”. “No vivamos una Navidad falsa, por favor, ¡una Navidad comercial! Dejémonos envolver por la cercanía de Dios, esa cercanía que es compasiva, que es tierna; envueltos por el ambiente navideño que el arte, la música, las canciones y las tradiciones traen al corazón”, indica.

Igualmente, el Sucesor de Pedro expone que los que acudan al Aula Pablo VI en los próximos días “podrán saborear este ambiente también gracias al belén que ahora se inaugurará” y agradece este regalo, “fruto del compromiso y la reflexión sobre la Navidad, la fiesta de la confianza y la esperanza. El motivo de la esperanza es que Dios está con nosotros, confía en nosotros y nunca se cansa de nosotros”.

“Y él no se cansa de perdonar: somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Viene a morar con los hombres, elige la tierra como morada para estar con nosotros y asumir las realidades donde pasamos nuestros días”. Esto “es lo que nos enseña el pesebre. En Navidad, Dios se revela no como el que está en lo alto para dominar, sino como el que se abaja, pequeño y pobre, compañero de camino, para servir: esto significa que para parecerse a Él, el camino es el del abajamiento, el del servicio”, concluye.

A continuación, sigue el texto completo del discurso del Papa Francisco, ofrecido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede y traducido por Exaudi.

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Discurso del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Les doy la bienvenida en el día en que se inauguran el árbol y el belén instalados en la Plaza de San Pedro, así como el belén colocado en esta Casa.

Extiendo un cordial saludo a la Delegación Peruana de Huancavelica, departamento en el que se encuentra el pueblo de Chopcca, de donde proviene el gran pesebre instalado en la Plaza. Agradezco las palabras de monseñor Carlos Salcedo Ojeda y hago extensivo mi agradecimiento a las autoridades civiles y eclesiásticas, especialmente al ministro de Relaciones Exteriores del Perú, y a todos los que han colaborado. Los personajes del belén, realizados con materiales y vestimentas propios de esos territorios, representan a los pueblos de los Andes y simbolizan la llamada universal a la salvación. Jesús vino a la tierra en la concreción de un pueblo para salvar a todo hombre y mujer, de todas las culturas y nacionalidades. Se hizo pequeño para que pudiéramos acogerlo y recibir el don de la ternura de Dios.

Junto al belén se encuentra el majestuoso abeto de los bosques de Andalo, en Trentino. Saludo a la delegación que ha venido de allí: las autoridades, los sacerdotes, los fieles acompañados por el arzobispo Lauro Tisi, a quien agradezco sus palabras. Esta noche, al final de la ceremonia oficial de entrega, se encenderán las luces que decoran el árbol. Permanecerá junto al belén hasta el final de la temporada navideña y será admirada por peregrinos de muchos lugares. El abeto es un signo de Cristo, el árbol de la vida (cf. Ap 2,7), un árbol al que el hombre no tenía acceso a causa del pecado (cf. Gn 2,9). Pero con la Navidad, la vida divina se une a la vida humana. El árbol de Navidad, pues, evoca el renacimiento, el don de Dios que se une al hombre para siempre, que nos da su vida. Las luces del abeto recuerdan la de Jesús, la luz del amor que sigue brillando en las noches del mundo.

Queridos amigos, la Navidad es esto, no dejemos que se contamine con el consumismo y la indiferencia. Sus símbolos, especialmente el pesebre y el árbol decorado, nos devuelven a la certeza que llena de paz nuestros corazones, a la alegría de la Encarnación, al Dios que se hace familiar: vive con nosotros, da un ritmo de esperanza a nuestros días. El árbol y el pesebre nos introducen en el típico ambiente navideño que forma parte del patrimonio de nuestras comunidades: un ambiente de ternura, de compartir y de intimidad familiar. No vivamos una Navidad falsa, por favor, ¡una Navidad comercial! Dejémonos envolver por la cercanía de Dios, esa cercanía que es compasiva, que es tierna; envueltos por el ambiente navideño que el arte, la música, las canciones y las tradiciones traen al corazón.

Los que vengan aquí, al Aula Pablo VI, en los próximos días podrán saborear este ambiente también gracias al belén que ahora se inaugurará. La hicieron los jóvenes de la parroquia de San Bartolomeo in Gallio, en la diócesis de Padua, que están aquí presentes con el obispo Claudio Cipolla, a quien agradezco lo que ha dicho. Agradezco este regalo, fruto del compromiso y la reflexión sobre la Navidad, la fiesta de la confianza y la esperanza. El motivo de la esperanza es que Dios está con nosotros, confía en nosotros y nunca se cansa de nosotros. Y él no se cansa de perdonar: somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Viene a morar con los hombres, elige la tierra como morada para estar con nosotros y asumir las realidades donde pasamos nuestros días.

Esto es lo que nos enseña el pesebre. En Navidad, Dios se revela no como el que está en lo alto para dominar, sino como el que se abaja, pequeño y pobre, compañero de camino, para servir: esto significa que para parecerse a Él, el camino es el del abajamiento, el del servicio. Para que sea verdaderamente Navidad, no olvidemos esto: Dios viene a estar con nosotros y nos pide que cuidemos de nuestros hermanos, especialmente de los más pobres, los más débiles, los más frágiles, a los que la pandemia corre el riesgo de marginar aún más. Así es como vino Jesús, y el pesebre nos lo recuerda.

Que la Virgen y San José nos ayuden a vivir así la Navidad. Renuevo mi gratitud a todos ustedes, a sus países y a sus familias. Que Dios os bendiga. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.