Teología para Millennials: Semana Santa ‘challenge’

Vivirla santamente

Teología para Millennials Semana Santa
Crucifijo en la pared © Cathopic

Hoy lunes 29 de marzo de 2021, en “Teología para Millennials”, el sacerdote mexicano Mario Arroyo Martínez, comparte con los lectores de Exaudi su artículo “Semana Santa challenge”.

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Semana Santa challenge

¡Ya estamos en la Semana Santa! ¿Cómo la podremos vivir bien? El desafío que se impone es claro: vivir santamente la Semana Santa. Ahora bien, este año es más difícil, dependiendo del lugar donde uno se encuentre, habrá o no oficios religiosos, probablemente no se puedan realizar labores sociales o misiones y la asistencia a retiros de silencio será más bien restringida, un auténtico privilegio.

Las circunstancias nos obligan a redescubrir nuestra interioridad, a que la Semana Santa sea un peregrinaje personal, interior, donde busquemos, simplemente, ponernos en los zapatos de Nuestro Señor Jesucristo y todo lo que a Él le costó vivir la aventura de nuestra redención.

Felizmente tenemos algunas herramientas que nos pueden facilitar el camino para seguir de cerca las pisadas de Cristo e intentar comprender un poco cuáles eran sus sentimientos ante el drama de la pasión, muerte y resurrección. Uno de ellos, probado secularmente por la piedad cristiana, es el rezo del Vía Crucis, donde a través de catorce estaciones, o quince, si seguimos la versión ecuménica de San Juan Pablo II, acompañamos paso a paso a Jesús en toda la epopeya de nuestra redención.

Esta práctica, sin embargo, por sí sola no es suficiente, digamos que nos ayuda a calentar motores y tomar conciencia de todo lo que Jesucristo padeció por nosotros.

El Vía Crucis debe ser completado con la meditación personal. Digamos que, si queremos tener profundidad en nuestra vida espiritual, no hay otro camino que la meditación. En este caso, la meditación sobre los misterios que nos abrieron las puertas del cielo. Deben resonar en nuestro interior para producir obras de conversión.

¿Meditar sobre qué? Efectivamente no se trata de la meditación en el vacío, propia de la tradición budista; sino de la meditación cristiana, centrada en los misterios de la vida de Jesús, en este caso, en su misterio pascual, pasión, muerte y resurrección.


¿Y eso cómo se hace? No tenemos otro camino que adentrarnos en la Sagrada Escritura, ¡para eso está!, la Biblia no debiera ser tanto un adorno en las casas, cuanto un libro donde vamos asiduamente a buscar las claves de la vida. La meditación requiere, como presupuesto fundamental, la lectura de la Palabra de Dios, una lectura meditada, donde me esfuerce por desentrañar el contenido, la significación de cada gesto o palabra.

Una sugerencia, de muy buena mano, para meditar con fruto el Evangelio, es usar la imaginación y meternos en la escena como un personaje más. Acompañamos así a Jesús, como en una película, desde su entrada triunfal en Jerusalén –Domingo de Ramos-, hasta su gloriosa resurrección.

Ahora bien, esta meditación no debería ser mera expectación de la vida de Jesús, es decir, no debiera reducirse a una actividad informativa y sensibilizadora; por el contrario, puede y está llamada a ser performativa, es decir, aspira a darle forma a nuestra vida. No se trata de que medite la pasión del Señor y no pase nada; si lo he hecho bien, algo tiene que suceder, algo tiene que cambiar.

Ahí entra la dimensión externa del Semana Santa Challenge, que si no correría el peligro de quedarse en una contemplación individualista. La fe, por el contrario, si se vive bien, transforma nuestro entorno, la familia, la sociedad, el mundo.

La dimensión social del Semana Santa Challenge supone, por lo menos, dos actitudes bien medibles, cuantificables: en primer lugar, un cambio de estilo en nuestro entorno más inmediato. Puede ser muy variado: sonreír un poco más, tener una actitud más servicial, intervenir más en la dinámica familiar, ser una ocasión estupenda para perdonar y olvidar viejos agravios, etc.

Es decir, nuestro entorno familiar debiera notar indirectamente que estamos meditando la pasión de Jesús y aquello transforma nuestra vida. En segundo lugar, el Semana Santa Challenge nos lleva a realizar alguna obra de misericordia con el que sufre, de cualquier manera, pues si somos contemplativos descubrimos a Jesús en esas personas.

Con las precauciones propias de la pandemia, puede ser desde dar una limosna generosa a un mendigo, hasta invitarlo a comer, o visitar a un anciano, o llevarlo a vacunarse, ayudar a alguna institución que preste servicio a personas marginadas, en fin, la creatividad aquí tampoco tiene límites, y sabrá sortear los obstáculos de la pandemia. Queda entonces el desafío de vivir santamente la Semana Santa, un auténtico challenge.