Nuncio en Estados Unidos: Diálogo, paso clave para unidad

Palabras a obispos estadounidenses en la Asamblea General

Pentecostés Espíritu Santo aliado
Espíritu Santo © Cathopic

El nuncio apostólico en Estados Unidos, monseñor Christophe Pierre, indicó a los obispos del país que “el diálogo es un paso clave en el camino hacia la unidad” mientras el país emerge de la pandemia del coronavirus.

El representante Vaticano se dirigió a la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) en el primer día de su Asamblea General virtual, en curso del 16 al 18 de junio de 2021, transmitiéndoles, “el saludo, la cercanía, el apoyo fraterno y la oración del Papa Francisco”, informa la USCCB en una nota.

Volver a Misa

En el contexto actual de la pandemia, Mons. Pierre considera que “la propia Iglesia se ha visto afectada, y ahora, en todo el país, muchas diócesis están planeando la mejor manera de ayudar a la gente a volver a Misa y empezar de nuevo a ser la Iglesia que Cristo nos llama a ser”.

“¿Pero qué tipo de Iglesia es esa?”, cuestiona, en “Fratelli Tutti y también en el documento Samaritanus Bonus de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el modelo propuesto es el de una Iglesia buena samaritana que sale con compasión y misericordia, en solidaridad con los que sufren para llevarles una verdadera curación”.

De este modo, continúa, “a medida que la Iglesia en los Estados Unidos emerge de la pandemia y busca invitar a la gente a volver a la iglesia y atraer a nuevos miembros, haría bien en aprender de Jesús, tanto en el contenido como en el método”.

Promover el encuentro con Cristo

En este sentido, el prelado se refirió a las palabras del entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, ahora Papa Francisco sobre “la falta de un encuentro personal con Dios, de una auténtica experiencia religiosa. Esto es lo que creo que crea al final la ‘religión a la carta’. Creo que hay que recuperar el acto religioso como un movimiento hacia el encuentro con Jesucristo”.

Para lograrlo, resaltó Mons. Pierre, “en lugar de empantanarnos en complicados conceptos teológicos, debemos ser audaces y proclamar a Jesucristo”, porque “ante los grandes desafíos de nuestro tiempo, seremos salvados por una fórmula mágica, sino por una Persona y por la garantía de que siempre estará con nosotros”.

Programa de todos los tiempos

Por tanto, la Iglesia en Estados Unidos no necesita un nuevo programa: “El programa ya existe: es el plan que se encuentra en el Evangelio y en la Tradición viva, es el mismo de siempre. En última instancia, tiene su centro en Cristo mismo, a quien hay que conocer, amar e imitar, para que en él se viva la vida de la Trinidad, y con él se transforme la historia hasta su cumplimiento en la Jerusalén celestial”. Se trata de un programa “que no cambia con los cambios de tiempos y culturas, aunque tenga en cuenta el tiempo y la cultura en aras de un verdadero diálogo y una comunicación eficaz”, de todos los tiempos.

Anunciar la Buena Nueva, clarifica, “no es una costumbre tradicional o una práctica social, sino que es la proclamación gozosa de que Cristo es una Persona que hay que encontrar”, pues “cuando el cristianismo se reduce a la costumbre, a normas morales, los rituales sociales, entonces pierde su vitalidad y su interés existencial para los hombres y mujeres de nuestro tiempo”. En particular “para los que buscan la esperanza después de la pandemia; para los que buscan una auténtica justicia después de las luchas raciales que hemos experimentado o para los que han llegado aquí buscando un futuro más brillante y seguro”.

Asimismo, recordó en su discurso que “una cosa es satisfacer las necesidades materiales de los pobres, pero el cristianismo ofrece más que una ONG o una organización de servicios sociales. La Iglesia ofrece la salvación en la persona de Jesucristo”.

“Volver a empezar desde Jesucristo”

Para el nuncio en Estados Unidos, lo que a menudo falta en el proceso de evangelización, es “volver a empezar desde Jesucristo”. Esto es, “volver a empezar desde la experiencia de la misericordia que se ofrece a nosotros, aunque hayamos pecado, es reformar nuestra vida con la ayuda de la gracia para que nuestra libertad, en lugar de alejarnos, nos ayude a conformar esa vida con el plan de Dios”.


El punto de partida, remarca, por tanto no puede ser “avergonzar al débil, sino proponer a Aquel que puede fortalecernos para superar nuestras debilidades, especialmente a través de los sacramentos de la reconciliación y de la Eucaristía. Con respecto a esta última, apuntó que “la Santa Comunión no es una mera ‘cosa’ a recibir, sino Cristo mismo, una Persona a encontrar”.

Método de Jesús: Encuentro y diálogo

En cuanto al método, el prelado expuso que “el método de Jesús fue el del encuentro y el diálogo”. Esto, “es importante para nosotros durante este Año de la Familia ‘Amoris Laetitia’: encontrarnos con familias, incluso con familias rotas, y acompañarlas en su camino a través de un diálogo reflexivo”. “El método”, insiste, “es claro: encontrar, acompañar, amar, entablar un diálogo respetuoso y diálogo respetuoso; y desafiar sin aplastar, con la esperanza de una conversión más profunda conversión”.

“En el centro del diálogo está la comunicación de la propia vida personal a los demás. Es un compartir la existencia de los demás en la propia existencia. No siempre se trata de demostrar que se tiene la razón. Se trata de un intercambio mutuo de personas que aborda cómo vivir y cómo ser solidario”. Como cristianos, “nuestro diálogo debe expresar la experiencia cristiana vivida, no como un tipo de moralismo, sino como una gracia que hemos recibido desde nuestro encuentro inicial con Cristo”.

Objetivo: la unidad

El objetivo de este diálogo, indicó, “debe ser la unidad y no sólo la unidad doctrinal y unidad jurídica”. Y la Iglesia en Estados Unidos se ha mostrado “capaz de tan ardua tarea” en diversas ocasiones, por ejemplo, ante “la crisis de los abusos, las necesidades de los inmigrantes, las víctimas de los desastres naturales y la lacra del racismo”. Todo ello evidencia “una verdad innegable, a saber, que la unidad es posible y que la Iglesia en Estados Unidos la ha experimentado muchas veces”.

La dinámica de la unidad, resaltó, “depende de los obispos, de manera particular”, ya que “como sucesores de los Apóstoles, tienen la responsabilidad de la unidad de la Iglesia particular de la Iglesia particular confiada a su cuidado pastoral”. Y esta unidad “se expresa en la comunión de la fe, la vida sacramental y el esfuerzo evangelizador de cada Iglesia local. A expresión singularmente importante de esta unidad es la comunión entre las iglesias locales y la Sede de Pedro”.

“¿Podemos nosotros, la Iglesia, facilitar el tipo de diálogo que produce la unidad entre nosotros y entre la familia humana? Nuestro compromiso con este tipo de diálogo que produce la unidad de la fe y de la acción, y no simplemente hablar de cosas interminablemente, reforzará la credibilidad de la Iglesia al acompañar a las personas que buscan un lugar de pertenencia y vuelven a la iglesia después de la pandemia”.

Iglesia-familia de Dios

El modelo a seguir debe ser el de la “Iglesia-familia de Dios”, “escuela de comunión que enseña el arte de la unidad en la diversidad”, “fundada en el amor y el respeto mutuo” y en la que “se aprende a encontrar a Cristo en el otro”.

“Es nuestra tarea acoger a nuestros hermanos y hermanas con los brazos abiertos y, con ellos, ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que  camina junta, hacia nuestra meta común, que es el cielo. Después de todo lo que hemos pasado Después de todo lo que hemos pasado, debemos empezar a caminar de nuevo. ¡Debemos empezar de nuevo desde Jesucristo!”, expresó el nuncio apostólico en Estados Unidos.