Cardenal Tagle a Exaudi: La migración puede ser un movimiento misionero

Reflexiona sobre los 500 años de evangelización filipina, la comida y cómo un migrante puede ser el abuelo de un futuro cardenal

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Cardenal Tagle junto al Papa © Vatican Media

El cardenal Luis Antonio Tagle afirma que la migración puede ser un movimiento misionero. El prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos lo expresó a Deborah Castellano Lubov, de Exaudi, en la conferencia de prensa del Vaticano al concluir la campaña internacional de Caritas Internationalis “Compartimos el viaje”.

El encuentro del 15 de junio tuvo lugar en la Oficina de Prensa de la Santa Sede sobre el tema “Caritas Internationalis viajando con los migrantes y refugiados. Mirando al futuro después de cuatro años de campaña ‘Share the Journey‘”.

Intervinieron el cardenal Tagle, también presidente de Caritas Internationalis, monseñor Bruno-Marie Duffe, secretario del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral, Aloysius John, secretario general de Cáritas, y sor María de Lurdes Lodi Rissini, coordinadora nacional de Caritas en Sudáfrica, en conexión remota.

Observando cómo el cardenal filipino subrayó que la campaña formalmente ha terminado pero la misión aún continúa, la directora editorial de Exaudi le preguntó cómo ve la cercanía y preocupación de la Iglesia por el fenómeno migratorio de Asia, y si cree que necesita una respuesta adicional.

Asia entendida a través de la comida

Un dicho humilde: “No pretendo ser un experto en todos los asuntos asiáticos. Asia es el continente más grande, de hecho decimos que no hay una sola Asia, sino que hay al menos cinco, dependiendo de cómo la describas: preferimos hacerlo a través de la comida”. “Tenemos la Asia del curry, la de los palillos, la de las hojas de plátano”, dijo sonriendo. “Es más conveniente. Nos une nuestro amor común por la comida, y no se trata sólo de comida, sino de reunirse”. “Durante la comida”, reflexionó, “es donde se comparten las historias”.

“Es triste decir que en algunas partes de Asia, esta reunión para compartir una comida común, para compartir un sueño común, para compartir los frutos de la tierra común, sigue siendo un sueño difícil de alcanzar”, lamentó seriamente, culpando a muchos factores culturales, étnicos y económicos.

“Hay numerosas barreras”, dijo. “Y aquí, en verdad, digo con ‘santo orgullo’, vemos que en algunas partes hay una tensa división. Es la Iglesia la que es minoritaria en muchas partes de Asia, (pero) es esta Iglesia la que todavía es capaz de unir a la gente, especialmente a través de sus servicios: a través de la educación, a través de las escuelas, y más”.

La Iglesia, minoritaria en Asia, pero de poderoso impacto

“En algunas partes de Asia, si tienes una escuela dirigida por la Iglesia, con 1.000 alumnos, tienes suerte si hay 10 cristianos”, señaló. “Pero a través del sistema educativo”, continuó, “tienen una vía, un espacio, proporcionado por la Iglesia, para ese acercamiento: las clínicas, los hospitales, los servicios sociales…”.

De este modo, subrayó, la evangelización de la Iglesia y la labor de Cáritas se funden realmente. “Pero para mí”, dijo el ex arzobispo de Manila, “es este acto valiente, en el que se hace un espacio en el que pueden venir los apátridas, incluidos todos esos niños sin nombre, niños a los que sólo se les da un número porque fueron refugiados, y por lo tanto no tienen derecho a un nombre… niños que fueron separados de sus padres, y ni siquiera saben si volverán a verles”.

“Uno”, denunció, “escucha los gritos de los demás: Leí la historia de una niña que dijo: ‘Escuché a alguien llorar, y me di cuenta de que no estaba llorando sola’”. “Estos son los espacios, los humildes espacios, que digo con ‘santo orgullo’, que me complace que la Iglesia proporcione”, apuntó Tagle.

Con tristeza, muchos filipinos preferirían quedarse en casa

Exaudi recordó que este año Filipinas celebra los 500 años de su evangelización. Tras indicar que, desde entonces, los filipinos se convirtieron en cierto modo en evangelizadores de todo el mundo, preguntó al cardenal del Vaticano qué significa este aniversario para él y para el país asiático. “Esto es de nuevo un misterio para nosotros”, aclaró. “Por un lado, está la triste realidad de que muchos filipinos preferirían quedarse en casa, ya que muchos, también migrantes forzados y refugiados, preferirían hacerlo así».

Recordando que “el papa Benedicto sugirió que ‘tenemos derecho a quedarnos en nuestro país de origen’”, destacó que, sin embargo, “cuando hay tanta pobreza e injusticia, la mejor manera de cuidar de tu familia y de tu vida es huir. Lo digo con un poco de tristeza: muchos filipinos que preferirían quedarse en casa se ven obligados, a causa de la pobreza, a encontrar trabajo en otros lugares”. “Si nos asombramos de los 10 millones de filipinos que están fuera de nuestro país”, ilustró, “tendríamos que mirar a los desplazados internos, los que se trasladan de una isla a otra”.

La migración puede ser un movimiento misionero

“Lo que empezó como una especie de migración forzada, en estos últimos 40 o 50 años, ahora en manos de Dios”, reflexionó, “se ha convertido en un movimiento misionero, un movimiento evangelizador”. En muchas partes de Europa y de Oriente Medio, e incluso Asia, reconoció, “son los emigrantes filipinos, los trabajadores de ultramar, los que están llenando las iglesias” y llevando sus devociones.

“No sé cómo explicarlo”, admitió, “pero me alegro de que la migración pueda ser un movimiento misionero”. Un emigrante rechazado podría ser el abuelo del futuro cardenal.

Señalando que también lo hemos visto entre los irlandeses, italianos y de otras naciones, argumentó: “Por eso mi abuelo, procedente de China, vino a Filipinas. Era un converso al catolicismo”.

“Probablemente nunca imaginó que uno de sus nietos se convertiría en sacerdote”, dijo sonriendo el cardenal, y añadió: “Así que, cuando la gente tiene miedo de los migrantes, yo sólo miro a mi abuelo y digo: ‘Vaya, el migrante que rechazáis puede ser el abuelo de un futuro cardenal’”.