Del árbol de los deseos al árbol de los agradecimientos

12 gracias. Basta con mirar el agradecimiento que se puede esconder detrás de cada dificultad

Delante de la iglesia suelen decorar cada año uno de los árboles medio pelados por la caída de la hoja, con algunas guirnaldas luminosas y colgados a modo de frutos los deseos de los niños de las escuelas. El lema es fácil “La Navidad que deseas”, que aun siendo un buen slogan, se puede convertir en una premonición, como diciendo que la Navidad que vas a vivir es la que deseas, por tanto no te quejes del resultado final.

Decoración al uso, copos de nieve, bolas de colores y este año, otros detalles cómo caramelos. No hay que decir que como es habitual ninguna referencia a las figuras del pesebre, ni mucho menos a Jesús. Ya hace tiempo que los ritos navideños se hacen sin referencia a la religión cristiana. Están dentro de la filosofía del poder de la mente donde desear es poder, sin más.

Claro está que a los cristianos desde pequeños también nos han enseñado a pedir, aunque nuestras peticiones iban a los Reyes Magos, a Diosito, al Niño Jesús o a la Virgen María y eso además de educar en la confianza y en la humildad, llevaban consigo la aceptación de la voluntad del que es más que nosotros, Dios.

Ahora prima el deseo, que, aunque sean deseos loables, se convierten a la larga o a la corta en frustraciones ante los resultados obtenidos.

Y, por si fuera poco, por si nuestros deseos, por si solos no son suficientes, en entorno social y comercial nos hace anhelar una serie de metas de regalos y festejos que al no conseguirse del todo también son frustrantes.  Todo tiene que salir a pedir de boca y ser tremendamente feliz durante todo el periodo navideño.

La frustración aumenta cuando ante la exigencia de felicidad podemos atravesar un mal momento y ahí aumenta más la tristeza por no conseguir vivir la “alegría de la Navidad”. Las personas que viven solas son más conscientes estos días de su soledad.

Quizás va siendo hora de dar un giro a nuestra Navidad que genera tristeza y frustración en muchos casos.  La clave está en la misma Navidad de Jesús. Mirando los pastores del pesebre vemos cómo le traen presentes en agradecimiento al Niño Dios que se nos regala a los hombres y mujeres de buena voluntad que acogen su venida.

Se trata de pasar del deseo al agradecimiento. Los factores que integran el agradecimiento de por sí son más sanos y terapéuticos que los del deseo.

En primer lugar, nos invita el agradecimiento a reconocer lo que poseemos y no lo que nos falta, con lo cual nos hace ricos y satisfechos y no carentes de lo que deseamos y no tenemos.


El agradecimiento dado a alguien que no lo espera, lo transforma. Le hace digno y queda en deuda con nosotros. Me contaron hace poco que una persona hablaba mal de mí, cosa totalmente justificada. Quien me lo dijo quedó extrañado de que a la persona que me malquería le hiciera yo un regalito muy personalizado, acompañado de cariño y afecto. Ni que decir tiene que aquella persona se le fueron todos los resquemores hacia mí.

En tercer lugar, nos hace conectar con lo positivo, a partir de lo cual sumamos lo tuyo con lo mío. Porque agradecer es reconocer lo bueno del otro, con lo cual estamos manifestando nuestra proximidad y colaboración.

Estas navidades he decorado mi árbol y el de la parroquia con las bolas del agradecimiento.

Cada niño ha dibujado una. Yo les quiero obsequiar con las doce que yo he colgado en mi árbol.

  1. Gracias por mi Parkinson que me ha permitido conocer a gente que trabaja para ayudar a los enfermos y además las limitaciones de la enfermedad me hacen ser más humilde.
  2. Gracias por estar un poco solo estas Navidades, eso me ha ayudado a acercarme más a los que verdaderamente están solos y me ha propiciado valorar los encuentros con las personas que vienen como la mayor riqueza.
  3. Gracias por ser más viejo, eso me permite jubilarme del trabajo y seguir viendo la luz del sol.
  4. Gracias por la familia y los amigos que nos invitan a celebrar su alegría.
  5. Gracias por el sonido y la fiesta que muchos disfruta, como jóvenes, descubriendo la vida.
  6. Gracias por las madres de los soldados que hacen la guerra que alientan la humanidad de sus hijos con el sufrimiento de madres.
  7. Gracias por el turrón y el marisco que saborearemos estos días.
  8. Gracias por los niños que siguen preguntando por la paternidad de san José.
  9. Gracias por el ambiente de la Navidad que me obliga más a reflexionar sobre el proyecto de Dios.
  10. Gracias por Jesús que confía en nosotros para ser con nosotros, a pesar que le rechazamos y crucificamos en los marginados de este mundo.
  11. Gracias por la dificultad de la vida, eso me hace anhelar la plenitud de la eternidad en Dios.
  12. Gracias por los lectores que dan sentido a mi vocación periodística.

He escrito doce, cómo las campanadas, pero pueden ser más y variadas. Como si fueran los pastores del pesebre que se van moviendo misteriosamente también las gracias se pueden ir moviendo.

Tema hay, basta con mirar el agradecimiento que se puede esconder detrás de cada dificultad.

El Papa Francisco hace tres años instaba a los fieles a ser más agradecidos porque, con «la gratitud», el mundo se vuelve mejor. Decía en la última audiencia general del 2020: «El mundo necesita esperanza y, con la gratitud, transmitimos esperanza porque si somos portadores de gratitud, también el mundo se vuelve mejor», ha señalado el pontífice.

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