Las dudas secretas

Acción escondida del Espíritu Santo

Las dudas secretas
Icono del Espíritu Santo © Cathopic
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D. Antonio Ducay, sacerdote y escritor, ofrece el testimonio “Las dudas secretas”, en el que reflexiona sobre la acción escondida y misteriosa que tantas veces hace el Espíritu Santo para conquistar el corazón de una persona.

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El Espíritu Santo hace cosas que nos sorprenden. Ya las hizo, de forma espectacular, el día de Pentecostés, y lo sigue haciendo ahora. Les cuento de alguien que, desde los 18 años, tenía lo que él llamaba sus “dudas secretas.” Creía en Dios, pero dejó la Misa y todo lo demás. Creía a su modo. Algo hoy muy frecuente.


No había ninguna dificultad con sus padres, ni con sus hermanos, familia unida, vida cristiana, infancia feliz. También me resultaba extraño que no iba a lo suyo, hacía bien a los demás, sobre todo en los ambientes más necesitados. En la universidad, todo bien, carácter normal, amiguero.  

Como teníamos confianza, un día le dije: “Pero, ¿qué te pasa?” Me dijo lo de otras veces: “Tengo mis dudas.”  Hablamos de otras cosas. Todo se complicó cuando se enamoró de una chica valiosa, que nada que ver con Dios. Acabaron la universidad y se fueron al extranjero a una maestría. No supe más.

Pasaron los años y un día, por la Navidad, recibí un correo suyo, me decía que venían a Lima a ver a sus familias, para que sus padres conocieran un niño de poco más de un año. Me dijo que deseaba verme. 

Así fue y ahí vino la gran sorpresa. Hablamos con la confianza de siempre: “Tú sabes que hemos hablado de mis dudas importantes, no sé cómo pero se fueron disolviendo poco a poco. Yo creo que seguridad total no se tiene nunca, pero empecé a pensar distinto. Llevábamos años viviendo juntos y eché en falta a Dios en nuestra vida, deseé el matrimonio. Se lo dije a Beatriz y, sin mucho entusiasmo me dijo que “bueno.”  Asistimos a unas charlas, nos casamos. A partir de entonces, voy a Misa, aunque no siempre, incluso me confesé alguna vez”.    

Yo escuchaba sorprendido, porque no me habló de ningún motivo para su cambio y lo notó. Me dijo que no sabría decirme porqué ni cuándo empezó a cambiar, pero así fue. Y me sorprendió todavía más cuando me dijo: “En algún momento tendría que ocurrir.” 

Después de unos días se fueron. Me quedé pensando. Recordé lo de que “en algún momento tenía que ocurrir.”  Ocurrir, ¿qué?  No lo sé. No encontré otra explicación que la acción del Espíritu Santo. Cierto que estaba todo lo que había vivido y aprendido de niño en su familia, pero llevaba años y años sin manifestarse.  

Leí una vez en un buen intelectual, que hay varias etapas en la conversión, las cuales analiza a fondo. Lo diré de modo breve. La primera etapa, de la que se parte, es el alejamiento de Dios, muchas veces sin saber bien porqué. Es algo muy generalizado hoy día. Hay muchas certezas en la vida de las personas y también muchas dudas, apoyadas en un sentimiento vago de libertad,  que no libera de nada, que más bien hace ir por la vida mirando solo el terreno que se pisa, hasta que se comprueba que se vive un engaño. Mi amigo, con sus “dudas secretas”, creo que se encontraba en  esta etapa.

Sin saber cómo, o por sucesos que ocurren en la vida, se empieza a entrar en la segunda etapa, que es vislumbrar algo distinto. En ese tiempo, se descubren valías en gente que tiene fe y es coherente con ella, valías que antes no se veían o se veían como represiones. Se comienza a simpatizar con esas personas. También ocurre que se ven otras que dicen tener fe activa en Dios, que actúan injustamente, llevan como una doble vida, que desagrada. Ver y conocer ese tipo de personas, retrasa mucho dar un paso adelante en la búsqueda de Dios.

En la tercera etapa, se nota más la actuación del Espíritu Santo, aunque ha estado siempre. En esta etapa, se va dando el cambio y las dudas se desvanecen ante lo que van siendo certezas. Especialmente en esta tercera etapa, dar el salto a la luz de una conversión (quedan muchas conversiones en la vida), depende de la persona. La libertad personal es determinante. 

Esos cambios parece que son determinados por lo que ve la persona, lo que lee, lo que conversa, y eso ciertamente ayudan pero lo realmente importante es la acción del Espíritu Santo dentro de cada persona. Empuja sin forzar la libertad. Siempre es cada uno quien elige si acepta o no, si lo hace suyo o lo deja pasar. Si lo elige y lo incorpora en su vida, comienza a pensar de otro modo, a vivir de otro modo y nota que es la opción cierta, la ve cada vez más clara. 

Pero eso supone siempre una lucha. Hay dentro de cada persona como dos fuerzas que luchan entre sí, dos tendencias, una que sugiere lo fácil, la conducta aparentemente libre, pero es falsa, engaña, y decepciona. Otra que aparentemente limita la libertad y es la que realmente hace libre. En todas las personas están ahí esas dos fuerzas.

Quizá por fuera no se ve. Ocurre como con los volcanes aparentemente pacíficos, hasta que se produce un conflicto dentro de ellos. El Espíritu Santo actúa ayudando a elegir la opción que lleva al éxito. Pero siempre es la persona quien elige. Si elige bien, entonces se cumple aquello que dice la Sagrada Escritura, que “la Verdad os hará libres”. Se comprueba que lo que verdaderamente libera es la Verdad.  La auténtica Verdad hace feliz a una persona.      




Antonio Ducay Vela, licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza, España. Se ordenó como sacerdote en Madrid y está incardinado a la prelatura del Opus Dei. Ha publicado libros como “¿Qué haces con tu libertad”, “Jesucristo, la aventura de Dios en la Tierra”, “Milagros y conversiones”, “San Josemaría en el Perú”, así como las biografías de san Josemaría Escrivá, del beato Álvaro del Portillo y del obispo Enrique Pélach. Reside en Perú.
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