El Papa a jesuitas en Atenas: “Sed padres y no patrones”

Reunión de Francisco con la comunidad jesuita en Grecia, durante su viaje apostólico al país

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Encuentro con miembros de la Compañía de Jesús en Atenas © Vatican Media

El Papa Francisco indicó a los jesuitas en Atenas: “Sed padres y no patrones”, es necesario “hacer las cosas bien y luego retirarse”.

Como es habitual en sus viajes apostólicos, el Santo Padre se reunió con sus hermanos de la Compañía de Jesús en Grecia, un grupo de 7 jesuitas de la comunidad de Atenas. El sábado 4 de diciembre de 2021, al final de la primera jornada de su visita al país heleno, en torno a las 18:45, Francisco los recibió en la Nunciatura Apostólica. La conversación completa es recogida por el padre Antonio Spadaro, que acompañó a Francisco en el viaje, en La Civiltà Cattolica.

De acuerdo a dicha revista jesuita, el Papa saludó personalmente a los presentes y después tuvo lugar una conversación espontánea que duró una hora. Cada uno de ellos se presentó, contando algo de sí mismo e iniciando un breve diálogo con Francisco, pidiéndoles que hicieran preguntas libremente.

El “buen ojo” de los hermanos

En primer lugar, intervinieron el padre Pierre Salembier, superior, y el hermano jesuita (religioso no sacerdote) Georges Marangos, que toca el órgano y es administrador. El Pontífice les hizo entonces una confesión: “cuando era provincial tenía que pedir información para la admisión de jesuitas al orden sacerdotal, y me daba cuenta de que la mejor información la daban los hermanos”, pues, “nosotros, los sacerdotes, a veces somos abstractos. Los hermanos son concretos y entienden bien los conflictos, las dificultades: tienen buen ojo”. Asimismo, recalcó que “cuando se habla de la ‘promoción’ de un hermano, es siempre necesario considerar que todo – incluso los estudios – debe pensarse como un instrumento para su vocación, que va mucho más allá de las cosas que sabe”.

“Padres, no patrones”

El padre Pierre Chongk Tzoun-Chan, jesuita coreano desde hace 21 años, relató que hoy es párroco de la parroquia del Corazón de Cristo Salvador, fundador y colaborador hoy del Centro Arrupe, un instituto para los niños refugiados.

“Eres un ‘padre’ fundador, expresaste tu creatividad, y sabes bien qué es este Centro y cuál es su naturaleza y objetivo”, dijo el Obispo de Roma, y destacó el hecho de que ya no sea el responsable de dicho centro. “Esto es algo muy bueno. Cuando uno da comienzo a un proceso, debe dejar que se desarrolle, que la obra crezca, y luego retirarse. Todos los jesuitas tienen que hacer lo mismo. Ninguna obra les pertenece, porque son del Señor”. Esta, prosigue “es una gran actitud: hacer todo bien y luego retirarse, sin ser posesivo”, pues, hay que ser “padres, no patrones, tener la fecundidad del padre”.

Igualmente, remitió a san Ignacio que sostiene que “los grandes principios tienen que encarnarse en las circunstancias de lugar, tiempo y personas. Y esto gracias al discernimiento. Un jesuita que actúa sin discernir no es un jesuita”.

Debilitamiento de la comunidad jesuita

El padre Sébastien Freris, de 84 años, por su parte, le contó que había realizado varios trabajos pastorales en parroquias y con jóvenes y que, en Grecia, hubo un tiempo en que la comunidad era numerosa y muy activa, y daba mucho al país. Ahora señal que la situación es “de debilidad”. Los jesuitas “hacen lo que pueden con las pocas fuerzas a disposición”.

El Sucesor de Pedro comentó entonces que “llama la atención es el debilitamiento de la Compañía. Cuando yo entré al noviciado éramos 33.000 jesuitas. ¿Cuántos somos hoy? Más o menos la mitad. Y seguiremos disminuyendo en número”. Esto es algo “para muchas órdenes y congregaciones religiosas” y tiene “un significado, y nosotros debemos preguntarnos cuál es”. En definitiva, indicó el Pontífice, “esta disminución no depende de nosotros. La vocación la manda el Señor. Si no llega, no depende de nosotros. Creo que el Señor nos está dando una lección para la vida religiosa”.

Acostumbrase a la humillación

Para los jesuitas, prosigue “tiene un significado en el sentido de la humillación”. El “jesuita no puede quedarse en el nivel de la explicación sociológica para entender la crisis vocacional. Esta es, cuanto más, una verdad a medias. La verdad más profunda es que el Señor nos lleva a esta humillación de los números para abrir a cada uno la vía al ‘tercer grado de la humildad’, que es la única fecundidad jesuita que vale”. Este “tercer grado de humildad es la meta de los Ejercicios” Espirituales de san Ignacio de Loyola. E insistió: “Debemos acostumbrarnos a la humillación”.

Sobre el futuro de la Compañía de Jesús, Su Santidad considera que “tenemos que ser fieles a la cruz de Cristo”, preguntar al Señor “qué quiere de nosotros, y así somos creativos en Dios: desafíos concretos, soluciones concretas”. Y les felicitó por el diálogo con los ortodoxos: “Significa que habéis sembrado bien con la oración, los deseos y las cosas que habéis podido hacer”.

El “buen cansancio”

El padre Tonny Cornoedus, jesuita belga-flamenco, antes trabajaba en Marruecos, después como párroco en Bélgica, y ahora en Grecia, porque se necesitaba un padre que hablara francés con los refugiados. El sacerdote habla de este trabajo de un episodio en el que lo confundieron con un traficante de personas y lo arrestaron.

“¡Una gran humillación!”, subrayó el papa jesuita en este sentido: “Mientras hablabas, pensaba en cómo es el final de un jesuita: es llegar a la vejez lleno de trabajo, tal vez cansado, lleno de contradicciones, pero con una sonrisa, con la alegría del trabajo hecho”. Este “es el gran cansancio de un hombre que ha dado su vida. Hay un cansancio feo, neurótico, que no ayuda. Pero hay un buen cansancio (…)”. Un jesuita “que alcanza nuestra edad y sigue trabajando, sufriendo contradicciones sin perder la sonrisa, se convierte entonces en un canto de esperanza”.

“Como en la vida, también en la muerte el jesuita debe dar testimonio del seguimiento de Jesucristo. Una siembra de alegría, ‘astucia’, y la sonrisa es la gracia de una vida plena. Una vida con pecados, sí, pero llena de alegría al servicio de Dios”, agregó.

Sentido de la vida apostólica

Más tarde, se presentó el padre Marcin Baran, polaco de 46 años, que expuso que se encuentra en Grecia porque hay una comunidad polaca grande. Es doctor en Filosofía, pero su labor ahora es desarrollada entre personas sencillas.

Ante ello, el Santo Padre se mostró conmovido: “Realizaste todos tus estudios en Filosofía, y luego el Señor te envió a los polacos de Atenas. Esta es la indiferencia creativa, que ayuda a seguir adelante. Esta es la vocación jesuita: vas adonde Dios te muestra su voluntad y te pide obediencia. El Señor sabe”. Al principio, apunta, “no vemos el sentido de nuestra vida apostólica, lo vemos al final, con la sabiduría del que mira atrás”.

Antes de finalizar el encuentro, el superior regaló al Papa Francisco un cuadro hecho por jóvenes del Servicio de Refugiados Jesuita. Finalmente, el Santo Padre y sus hermanos jesuitas rezaron un Ave María y tomaron una foto de grupo. El Papa se despidió saludando a todos, uno por uno.

Extractos © La Civiltà Cattolica 2021