Empresarios en vacaciones

De cómo el descanso vacacional del empresario y directivo es un tiempo privilegiado

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“Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo”. Con estas palabras comienza el capítulo 3 del libro del Eclesiastés toda una reflexión que centra la actividad, y los acontecimientos que nos sobrevienen, en la esfera de Dios (Ecl 3, 1-14).

Y es que desde Dios cada segundo de nuestra historia adquiere capacidad de significación, especialmente si somos capaces de insertar nuestra historia en la Historia de la Salvación.

El periodo vacacional en el directivo y empresario cristiano es también un momento clave. Y comienza a serlo en la medida en que esas vacaciones son merecidas. El Señor descansó el séptimo día, después de gozar de una obra creadora, que era buena, y que ponía en manos del ser humano para ser llevada a su plenitud (Gén 2,2). También Jesús invita al descanso a sus apóstoles después de la compleja tarea evangelizadora (Mc 6, 30-32).

Pero si el tiempo vacacional se convierte en un tiempo de dejadez se convierte en un “contratiempo”.

“Para que las vacaciones sean de verdad vacaciones y proporcionen un auténtico bienestar, es preciso que en ellas la persona encuentre un buen equilibrio tanto consigo misma, como con los demás y con el medio ambiente. Esta armonía interior y exterior es la que regenera el alma y devuelve las energías al cuerpo y al espíritu”. Con estas palabras, en el Ángelus del 6 de julio de 1997, el papa Juan Pablo II invitaba a los cristianos a darle su sentido más profundo al periodo vacacional.

Las vacaciones han de ser un tiempo de fortalecimiento humano. Es una oportunidad para fortalecer los lazos familiares, las amistades, las “dimensiones olvidadas o relegadas” durante las épocas de duro trabajo. Juan Pablo II, en el Ángelus del 1 de agosto de 1999 nos invitaba a dedicar algunos días de vacaciones para visitar lo que él llamaba “lugares del espíritu”: algún monasterio, algún santuario, algún lugar de retiro espiritual.


Pero, además, los directivos y empresarios cristianos están llamados a cultivar en el tiempo de vacaciones dos dones que son clave en el desarrollo de sus responsabilidades profesionales:

  • El don de la gratuidad. La lógica del don, que complementa la lógica del mercado, no se improvisa. Se prepara y se cuida con gestos que tienen su fundamento en la gratuidad. Cuando las vacaciones son un momento para vivir el placer de la amistad o del encuentro, se convierten en un tiempo que nos enseña a volcar esta dimensión también en nuestro desarrollo profesional.
  • El don de la solidaridad. “El derecho a tomar vacaciones no debe llevarnos a olvidar a los que, por diversas razones, no pueden salir de su ambiente ordinario, pues se lo impiden motivos de edad, salud o trabajo, por falta de dinero o por otros problemas”. Así lo expresaba magistralmente el papa Juan Pablo II en el Ángelus del 6 de julio de 1997. No olvidar al necesitado en vacaciones mantiene viva en nosotros la llama de la fraternidad.

Que nuestra Madre y la Madre de Dios, la Virgen María, nos ayude a vivir las vacaciones en sintonía con el Evangelio.

¡Feliz y merecido descanso!

Dionisio Blasco España es Delegado Territorial en la Diócesis de Málaga y miembro del Comité Ejecutivo de Acción Social Empresarial