Beato Estanislao Kubista, 26 de abril

Sacerdote y mártir

Nació en Kotuchna (Silesia), el 27 de septiembre de 1898. Fue el quinto de nueve hermanos que recibieron de sus padres, Estanislao, un honrado trabajador forestal, y de Franciszka, la madre, una sólida formación en la fe, al punto de ser bendecidos por Dios con varias vocaciones a la vida religiosa entre sus vástagos, uno de ellos Estanislao. En familia se rezaba el Santo Rosario y se compartía la devoción a María ante un pequeño altar que presidía el hogar. Estanislao se sintió atraído casi a la par por la vida misionera y la literatura, motivado por la cercanía de un hermano de la Sociedad del Verbo Divino (SVD) de Nysa que se ocupaba de distribuir las revistas misioneras y la literatura polaca. Pero el coadjutor de Mikolow, P. Michatz ya se había dado cuenta de que el joven tenía vocación, y le prestó su ayuda para que pudiera ingresar en el Seminario Menor de la (SVD) de Nysa.

Sin poder concluir los estudios por culpa de la guerra, tuvo que servir en el frente como telefonista y telegrafista en el cuartel de Szczecin hasta mayo del 1919. Su hermano mayor fue una de las víctimas de esta guerra. A su regreso, Estanislao retomó el camino que había quedado cercenado por la contienda. Prosiguió sus estudios, hizo el noviciado en Mödling y profesó como religioso del (SVD). Fue ordenado sacerdote en 1927. Sus cualidades literarias y soltura en el dominio de la lengua le hacían apto para la docencia, pero él se inclinó a la creación literaria más que a la enseñanza, todo ello sin descuidar la labor misionera y pastoral. Gozaba de buena salud, y explícitamente lo hizo notar en el escrito que presentó para someterlo al juicio de sus superiores junto a una lista de países lejanos a los que podría partir si lo consideraban oportuno. Ellos tuvieron muy en cuenta lo que Estanislao les dijo, y en el otoño de 1928 lo trasladaron a Górna Grupa. La emocionante despedida de su madre fue: «Hijo, permanece fiel al camino que elegiste». Así lo hizo.

En la misión que le encomendaron: llevar como Ecónomo una residencia de 300 personas, fue sumamente eficaz, al punto de que al año siguiente pusieron bajo su responsabilidad la economía regional de la Orden. Además, sucesivamente fue el redactor de las revistas «El Pequeño Misionero» y «El Tesoro Familiar». En 1937 dio un salto cualitativo y él mismo fundó la revista «El Mensajero del Corazón de Jesús», que puso bajo el amparo de San José, por el que experimentaba gran devoción y al que no dudaba en encomendar cualquier necesidad que surgía. Así, al Santo Patriarca le atribuía haber podido erigir el edificio que albergaba la imprenta y de haberla podido equipar convenientemente. Su actividad imparable dio también como fruto la publicación de artículos de temática teológica y pedagógica con trasfondo espiritual, convirtiéndose, además, en autor de relatos, novelas y obras teatrales, todas ellas sumamente instructivas. La tarea que llevaba a cabo iba paralela al ejercicio de su misión pastoral que ejercía con todos, y especialmente con los Seminaristas que encontraban en él a un confesor ideal. La fidelidad de Estanislao, su carácter disciplinado y servicial ponían de relieve su madurez espiritual. Cuando estalló la guerra en 1939, valerosamente se enfrentó a la Gestapo en defensa de los débiles. En un primer momento, se salvó de una más que segura represalia, lo cual atribuyó a San José, pero no pudo impedir que destruyeran lo que con tanta ilusión había puesto en pie: la imprenta, arrasando lo que hallaron a su paso. Perdieron entonces todo lo que tenían para sustento de la gran comunidad. La tragedia, que no hizo más que comenzar, continuó in crescendo, con el arresto de los sacerdotes, y la confiscación de los bienes. De nuevo San José le ayudó a encontrar una salida, que fue momentánea, para poder alimentar a todos, hasta que fueron detenidos en febrero de 1940 y conducidos de Stutthof a Sachesenhausen.

Estanislao, que había disfrutado de excelente salud, enfermó a fuerza de tantas carencias, las inclemencias meteorológicas y el trato vejatorio e inhumano que no cesaron de infligirles a todos ellos. Tan solo el Jueves Santo de ese año pudieron celebrar la Eucaristía y recibir la comunión de forma clandestina. El organismo de Estanislao, cada vez más debilitado, entró en una fase aguda, ante la pasividad de los vigilantes que se encarnizaron con él. Le obligaban a realizar trabajos forzados en claro intento de llevarlo a la muerte. Lo echaron a un retrete donde estuvo tres días y vio que su fin se acercaba, confiándose a la voluntad divina. El 26 de abril el jefe de barraca se dirigió a él, diciéndole: «Ya no tienes por qué vivir» al tiempo que le aplastaba el pecho y la garganta con el pie. Fue beatificado el 13 de junio de 1999 por Juan Pablo II.


santoral Isabel Orellana

© Isabel Orellana Vilches, 2024
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