La ciencia nos dice una y otra vez que Dios existe

Descubriendo a Dios a través de la Ciencia: Evidencias Científicas Contundentes

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Vivimos hoy en día un momento sorprendente en la historia de los conocimientos, que nos da la oportunidad de obtener una nueva visión o comprensión del mundo, una experiencia profundamente satisfactoria.

Una nueva comprensión del mundo  

Viktor Frank

Viktor Frankl[1], un joven psiquiatra austríaco que sobrevivió al horrendo entorno de los campos de concentración en la Alemania nazi, nos ha transmitido su reflexión de que la búsqueda de sentido es la principal fuerza motivadora de la vida humana. Esa búsqueda de sentido la debemos encontrar en la comprensión del mundo en el que vivimos. Conocer el mundo, de acuerdo a las teorías científicas más actuales, es comprender un universo creado por Dios.

Efectivamente, vivimos hoy en día un momento sorprendente en la historia de los conocimientos, que nos da la oportunidad de obtener una nueva visión o comprensión del mundo, una experiencia profundamente satisfactoria. Además, como se pone de relieve en un artículo de la revista Actualidad Docente: “El conocimiento científico adquirido en los últimos cincuenta años permite formas más rigurosas de argumentación inductiva o deductiva de la existencia de Dios”[2].

Descubrimientos fundamentales que conducen a la idea de Dios

El siglo XX ha sido testigo de numerosos descubrimientos científicos fundamentales que conducen a la idea de la existencia de un Dios creador como origen del universo y de la vida inteligente. Sabemos que la ciencia en sí misma no puede demostrar ni refutar su existencia, ya que Dios está fuera de la naturaleza, pero uno a uno se han ido desmoronando los argumentos que en el pasado se han esgrimido para negar su existencia y emergiendo nuevos conocimientos que apuntan a un universo creado y a un autor de esa Creación. Nos referimos a descubrimientos habidos en todos los campos de la ciencia: física, cosmología, biología, matemáticas…

Heisenberg

Tanto la teoría de la relatividad como la física cuántica han modificado profundamente nuestro pensamiento. El principio de incertidumbre de Heisenberg desmitificó el determinismo materialista, mientras que la teoría del Big Bang afianzó la idea de la Creación. Si hay que destacar un descubrimiento como el más importante del siglo XX nos tenemos que referir al concepto de que vivimos en un universo en expansión, que conduce inexorablemente a un comienzo del mismo hace 13.800 millones de años. Por primera vez en la historia de la humanidad se razona científicamente que el universo tiene un comienzo. Una idea que propuso Georges Lemaître[3], sacerdote católico a la vez que doctor en física, quien la dedujo a partir de las ecuaciones de la relatividad de Einstein. Esta noción era tan rompedora que el propio Einstein sólo la admitió cuando aparecieron evidencias fruto de la observación. La propuesta de un universo generado a partir de un punto enormemente energético la formuló Lemaître en 1931 y fue progresivamente completada por otros investigadores, aunque no fue aceptada con carácter general hasta 1968, en que se detectó la radiación de fondo de microondas. La ciencia nos lleva a la idea proclamada en el Génesis: el universo tuvo un origen.

Además, esta realidad viene avalada desde otra área de la ciencia. A partir de la termodinámica se deduce así mismo la necesidad de un comienzo para el universo. En la segunda mitad del siglo XIX, Boltzmann define matemáticamente la entropía, que viene a ser la medida del desorden de un sistema; y el segundo principio de la termodinámica dice que la cantidad de entropía del universo tiende a incrementarse en el tiempo. Esta ley implica un principio de nuestro universo como dedujeron diferentes científicos, entre ellos Arthur Eddington, quien acuñó el término “flecha del tiempo”, indicando que éste transcurre desde el pasado hacia el futuro. Pero la consecuencia de que esto implica un principio del universo no se admitió de forma generalizada hasta que fue aceptada la idea del Big Bang, a finales de los años sesenta.

En 2003 un nuevo avance científico vuelve a corroborar este momento inicial del universo, mediante la formulación del teorema de Borde-Vilenkin-Guth por parte de estos tres científicos, que demuestra que un universo que posee una tasa de expansión positiva tiene necesariamente un comienzo en el tiempo.

La evidencia del origen del universo, que apunta claramente a la existencia de un Creador, no es la única señal que nos han proporcionado los nuevos conocimientos científicos acerca de un Creador Inteligente. Así, podemos resumir las leyes de la naturaleza en un conjunto de ecuaciones que contienen un determinado número de constantes; estas nos permiten hacer cálculos muy precisos de los fenómenos físicos más elementales, que están confirmados por evidencia experimental. A partir de la segunda mitad del siglo pasado, comenzamos a percibir que existe un “ajuste fino” infinitesimal de muchas de las constantes de la naturaleza y de las condiciones iniciales del universo en orden a la producción de vida. Un ajuste que apunta inexorablemente a una finalidad y a un Creador. Este importante descubrimiento tiene su punto de partida en 1953, cuando Fred Hoyle se pregunta cómo se ha podido producir el carbono, tan necesario para la existencia de vida, en el universo. Y se comprueba que esto es posible gracias a la existencia en el núcleo del carbono de un nivel de energía absolutamente preciso. A continuación de este descubrimiento hemos ido conociendo que todas las constantes presentes en el complejo conjunto de leyes físicas que definen el cosmos, poseen valores infinitesimalmente específicos y que, si se produjera la más mínima desviación en cualquiera de estos valores, el universo tal como lo conocemos no podría existir, y mucho menos sustentar la vida. El prestigioso físico agnóstico Steven Weinberg, premio Nobel de Física, ha escrito “…qué sorprendente es que las leyes de la naturaleza y las condiciones iniciales del universo permitan la existencia de seres que pudieran observarlo. La vida tal como la conocemos sería imposible si cualquiera de las diversas cantidades físicas tuviera valores ligeramente diferentes”[4].

El descubrimiento de la estructura del ADN por Watson y Crick en 1953 ha llevado al conocimiento de la complejidad de la información necesaria para la creación de la vida a partir de lo inerte. La exhaustiva investigación de los últimos años no nos ha permitido conocer los mecanismos por los que se ha generado la vida, pero nos lleva a la constatación de la absoluta improbabilidad de que esta se haya producido por azar con las leyes que conocemos. E intuimos que el ajuste fino vuelve a aparecer en esta etapa evolutiva que conduce a nuestra existencia. La acción de una inteligencia sobrenatural es la explicación más lógica que tenemos para justificar este infinitesimal ajuste de las condiciones y constantes iniciales del universo en el Big Bang, que dio origen al universo y a la vida.

El mundo abstracto de las matemáticas también nos proporciona pistas que conducen a la existencia de Dios. Eugene Wigner[5] consideró un milagro el hecho de que las matemáticas puedan explicar los fenómenos físicos de la naturaleza. Y Kurt Gödel, probablemente el matemático más influyente del siglo XX, demostró los denominados teoremas de incompletitud, el primero de los cuales se enuncia así: para cualquier sistema consistente y formal hay afirmaciones que son expresables en ese sistema y que son ciertas, pero que no pueden ser demostradas en ese sistema. La consecuencia es que siempre se requiere un sistema superior para demostrar las realidades de un sistema formal cualquiera. El teorema de incompletitud es aplicable no sólo a las matemáticas, sino a todo lo que está sujeto a las leyes de la lógica: ciencia, lenguaje o filosofía. Y puesto que el universo es matemático y lógico, la incompletitud también se aplica en él. La consecuencia es que el universo, constituido por materia, energía, espacio y tiempo, no puede explicarse a sí mismo. Necesita una explicación de algo externo a él que no sea materia, ni energía, ni espacio, ni tiempo. Es decir, algo inmaterial que esté fuera del universo.

La ciencia, a nuestro alcance

Todas aquellas personas que en este momento sientan el impulso de seguir el consejo de Viktor Frankl y buscar esa comprensión del mundo en que vivimos, tienen a su alcance mucha información a la que acudir. En particular en España se han publicado dos libros en los últimos meses, con títulos semejantes: Dios – La Ciencia – Las Pruebas[6] y Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios[7].

Entre las publicaciones de los últimos años sobre el mismo tema, se pueden seleccionar obras escritas bajo una diferente sensibilidad y objetivo. Los siguientes cinco títulos que se enuncian a continuación pueden ser indicativos de esta variedad de enfoques.

El lenguaje de Dios: Un Científico Presenta Evidencias para Creer

Francis Collins

Francis Collins es un científico especialista en genética, reconocido mundialmente por sus descubrimientos de genes causantes de enfermedades y que ha dirigido el Proyecto Genoma Humano[8] durante nueve años. En su libro El lenguaje de Dios: Un Científico Presenta Evidencias para Creer[9], que escribió al terminar su etapa como director de este proyecto, relata inicialmente la evolución de su pensamiento. Durante su época de estudiante de Química y Física pasó del agnosticismo al ateísmo, siguiendo la corriente que parecía prevalecer entre los hombres de ciencia. Una vez doctorado, decidió matricularse en Medicina y el contacto en el hospital con determinados pacientes le movió a la reflexión: el encuentro con enfermos cuya fe les proporcionaba consuelo y paz a pesar de su sufrimiento le indujo a pensar si las creencias podían tener una base racional. Decidió informarse de forma sistemática y fue en la lectura del libro de C. S. Lewis Mero cristianismo[10] donde encontró el mejor argumento a favor de la integración de la fe y la lógica. Collins argumenta en este libro su fe en la existencia de Dios, profundizando en el origen del universo y haciendo especial hincapié en la evolución biológica.

Dios existe

Antony Flew[11] ha sido un prestigioso filósofo ateo. Su conferencia de 1949 impartida en Oxford se convirtió en uno de los ensayos filosóficos más publicados y, a partir de ahí, durante más de cincuenta años ha estado en primera línea como un activo defensor de sus ideas ateas, que ha expuesto en 26 libros publicados, alcanzando gran repercusión. Pero el desarrollo de la cosmología del Big Bang y el progresivo conocimiento del ajuste fino de las constantes físicas le indujeron a modificar su pensamiento. En 2007 publica su libro Dios existe[12], en el que reflexiona sobre todas las evidencias que nos muestra el conocimiento científico actual. Hace suyas la palabras del premio Nobel de Medicina George Wald, que en 1984 abandonó su pensamiento ateo, afirmando que es la Mente, una inteligencia creadora, la realidad fundamental del mundo: “¿Cómo es posible que, con tantas otras opciones aparentes, estemos en un universo que posee ese peculiar conjunto de propiedades que engendra vida? Últimamente se me ha ocurrido, debo confesar que al principio con cierta conmoción de mi sensibilidad científica, que ambas cuestiones pueden ser tratadas de forma hasta cierto punto congruente. Es decir, mediante la suposición de que la inteligencia, en lugar de emerger como una consecuencia tardía en la evolución de la vida, en realidad ha existido siempre como la matriz, la fuente y condición de la realidad física, que la materia de la que se compone la realidad física es la materia de la mente. Es la Mente la que ha compuesto un universo físico que engendra vida, capaz de producir evolutivamente criaturas que conocen y crean”.

Dios – La Ciencia – Las Pruebas / Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios

Existe un amplio paralelismo entre estos dos libros que han aparecido en España casi al unísono. Sus autores son, en ambos casos, profesionales dedicados al mundo empresarial, que han verificado esa “fractura entre el inmenso crecimiento del conocimiento científico y los logros técnicos por un lado, y la comprensión de los mismos por parte de los ciudadanos”[13] a la que se alude en el artículo citado de Actividad Docente, y en particular sobre la existencia de Dios. Y han sentido la necesidad de divulgar esos conocimientos.

En ambos casos han tratado de mostrar de forma sistemática todas las ideas y razonamientos de la ciencia que conducen a la existencia de un Dios Creador: tanto en relación sobre el origen del universo, como del ajuste fino de las constantes de la naturaleza, que tienen que ver con la materia inanimada o en el paso de lo inerte a lo animado; así como argumentos que derivan de nuevos conocimientos matemáticos o desde la física. También, en ambas obras, se analizan las teorías y argumentos que tratan de explicar la tesis contraria, la innecesariedad de un Creador.

En el caso de Dios – La Ciencia – Las Pruebas, los autores, Michel-Ives Bolloré y Olivier Bonnassies, son dos ingenieros franceses que han trabajado durante tres años en la elaboración de esta obra y se han asesorado de una veintena de científicos y especialistas. Se da la circunstancia de que uno de ellos, Olivier Bonnassies, ha sido no creyente durante una etapa de su vida.

El autor de Nuevas Evidencias Científicas de la Existencia de Dios, José Carlos González Hurtado, es un profesional que ha dedicado su vida a la actividad empresarial, dirigiendo firmas de primer nivel internacional que le han llevado a vivir hasta en quince países diferentes. En 2020 promovió el lanzamiento de la versión española de EWTN, el canal televisivo religioso católico más importante del mundo. En la obra se aborda el debate ante las diferentes cuestiones que plantea la ciencia en torno al tema, consiguiendo darle el atractivo propio del marketing empresarial.

Science at the doorstep to God

Robert Spitzer es un sacerdote jesuita, realmente polifacético, con una formación en Administración de Empresas, Filosofía y Teología. Ha desarrollado su actividad

Robert Spitzer

como profesor de filosofía a la vez que ha escrito numerosos libros y artículos. Es presidente del Instituto Magis dedicado a formar y divulgar sobre la complementariedad de la ciencia, la filosofía y la fe, en particular la física, la cosmología, la filosofía de la ciencia y la metafísica.


Spitzer hace ya muchos años que analiza y debate estos temas y no nos debe sorprender que el libro del que es autor, Science at the doorstep to God[14], constituya una secuencia de informaciones precisas y bien organizadas y razonamientos rigurosos en los que no desperdicia ni una palabra. Muestra de manera académica que a través de la razón, podemos llegar a ver no sólo la gran inteligencia del Creador, sino también signos de su amor, bondad y gloria.

Comprender el mundo

Hay una famosa anécdota sobre la teoría de la relatividad que tuvo como protagonista al astrónomo y físico sir Arthur Eddington, unos años después de ser enunciada por Albert Einstein. Un periodista le comentó: “He oído que usted es una de las tres personas en el mundo que entiende la teoría de la relatividad general”. Al oír esto, Eddington puso cara de sorpresa. Cuando el entrevistador le preguntó el motivo de su extrañeza, el físico inglés respondió: “Estoy intentando pensar quién podría ser la tercera persona”.

La anécdota parece ser cierta y nos muestra que la ciencia en el pasado era cosa de unos pocos. Gracias a una serie de circunstancias, entre las que cabe destacar la labor de los divulgadores, podemos afirmar que esto ya no es así.

Debemos agradecer que exista ese esfuerzo por transmitir el conocimiento que genera la investigación científica y el debate sobre las consecuencias que ese conocimiento revela. Porque nos facilita esa búsqueda de sentido a la vida que, como Frankl propone, podemos encontrar en la comprensión del mundo en el que vivimos. Cualquiera de los cinco libros propuestos, cada uno con sus características diferenciales, nos permite llegar a comprender que Dios está detrás de este universo y de nuestra propia vida.

Manuel Ribes – Instituto Ciencias de la Vida – Observatorio de Bioética – Universidad Católica de Valencia

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[1] Viktor E. Frankl El hombre en busca de sentido | Herder ISBN-13 9788425432026

[2] M. Ribes Dólera ¿Ciudadanos del Universo? | Actualidad Docente 10/02/2020

[3] M. Ribes García Lemaître, religión, ciencia: “Había dos formas de llegar a la verdad. Decidí seguir ambas”  OBSERVATORIO DE BIOÉTICA UCV  16 abril, 2021

[4] The BioLogos Foundation What do “fine-tuning” and the “multiverse” say about God? Actualizado el 20/11/2023

[5] M. Ribes García El misterio de las matemáticas | Observatorio de Bioética UCV  29/09/2020

[6] Oliver Bonnassies, Michel Yves Bollore Dios – La Ciencia – Las Pruebas | Editorial Funambulista ISBN-13 9788412658798

[7] José Carlos González Hurtado Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios | Voz de Papel ISBN-13 9788412748611

[8] El Proyecto Genoma Humano fue una gran iniciativa de colaboración internacional que mapeó y secuenció el genoma humano por primera vez. El proyecto, que se llevó a cabo desde 1990 hasta 2003, tuvo un alcance y escala históricos.

[9] Francis S. Collins  El lenguaje de Dios: Un Científico Presenta Evidencias para Creer  Temas De Hoy 2007  ISBN-10 ‏ ‎ 9703706134

[10] C. S. Lewis Mero Cristianismo | Rialp ISBN-10 8432147575

[11] M. Ribes García La cosmología moderna destruye los pilares del materialismo |Observatorio de Bioética UCV 8/11/2021

[12] Antony Flew Dios existe | Editorial Trotta, S.A ISBN-13 9788498793680

[13] M. Ribes Dólera ¿Ciudadanos del Universo? | Actualidad Docente 10/02/2020

[14] Fr. Robert Spitzer SJ  Science at the doorstep to God | Ignatius Press ISBN-10 162164636X