Antillas: Una Iglesia misionera y de vocación bautismal

Llama a vivir la misión “en los propios ambientes y realidades”

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Obispos de las Antillas © Conferencia Episcopal de las Antillas

En una región de gran diversidad como son las Antillas, el presidente de la Conferencia Episcopal de las Antillas, Monseñor Gabriel Malzaire, hace ver la necesidad de ser una “Iglesia misionera, que nace de nuestra vocación bautismal”, así ha informado el episcopado en una nota.

El obispo de Roseau y presidente de la Conferencia Episcopal de las Antillas llama a vivir la misión “en los propios ambientes y realidades”. Al hablar sobre sinodalidad, en una entrevista con ADN CELAM, sistema informativo del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), monseñor Malzaire lo ve como “una invitación del Santo Padre, enumerando algunos retos en ese camino sinodal, como es el llegar a pocas soluciones y acciones pastorales. Junto con eso la posible pérdida de poder de la jerarquía y el miedo al futuro de la Iglesia”.

Diversidad y vocación bautismal

Teniendo en cuenta su diversidad geográfica, religiosa, idiomática y cultural, ¿Cómo vive la Iglesia de Antillas el llamado del Papa a ser una Iglesia misionera y en salida? En este aspecto, las Antillas es una región diversa en términos de geografía, religión, lenguas y cultura. Están conformadas por un archipiélago de islas separadas por agua y tres territorios en el continente sudamericano, Guyana, Guyana Francesa y Surinam.

De este modo, la influencia de los primeros colonizadores europeos se refleja en la diversidad lingüística regional y las prácticas culturales. Esta diversidad se expandió por la mezcla con las personas con ascendencia africana, asiática e indígenas, siendo estos últimos más presentes en los territorios peninsulares principales y un poco en la Isla de Dominica.

Cabe resaltar, cómo en los últimos quinientos años, la región de las Antillas ha sido tierra de misión, principalmente con misioneros europeos, los cuales vinieron a ministrar en este territorio. Hoy en día, el Santo Padre Francisco hace el llamado a toda la Iglesia, “incluyéndonos a nosotros, a ser misioneros. Básicamente, él nos llama a reconocer con más profundidad nuestra vocación bautismal”.

Asimismo, “ya que fuimos evangelizados o ministrados por otros, ahora nuestro deber es evangelizar. Sin embargo, esta evangelización debe ser vista desde un espectro más amplio que antiguamente. Con eso, además de ser aptos para compartir el mensaje con personas de culturas distintas, estamos convocados a ser discípulos misioneros dentro de nuestra región y cultura, es decir, con nuestras familias, en nuestras escuelas, dentro de nuestras estructuras políticas y sociales. En resumen, con todos y cada uno de los sectores en contacto con nuestra existencia social y religiosa”.

El cansancio sinodal como riesgo

¿Cuáles son los principales desafíos que tiene la Iglesia en Antillas para vivir la sinodalidad? Sobre esta cuestión, el Santo Padre también “nos invita a percibirnos a nosotros mismos y a la misión de nuestra Iglesia en el mundo de una manera nueva. Nos llama a adoptar el método conocido como sinodalidad. Es una Iglesia en camino, juntos, a todos los niveles del ministerio”.  Así, la Iglesia en Antillas, queriendo acoger este método, se enfrenta a algunos retos principales, los cuales son: “uno, el sentimiento de cansancio sinodal, como yo lo llamo, el cual hemos sentido Sínodo tras Sínodo, con pocas soluciones. Dos, el sentimiento de que el proceso entero podría ser otro ‘talk shop’, una sesión de trabajo apasionante para los laicos, pero con muy pocas acciones pastorales”.

El tercero de los retos que resalta, es la probabilidad de que “algunas personas perciban esta nueva perspectiva como una pérdida de poder de la jerarquía clerical en la toma de decisiones por parte de la Iglesia”. Por último, un cuarto reto es “un miedo básico en cuanto al futuro de la Iglesia en general, debido a una falta de control”, concluye.