Cuando todo es relativo

El relativismo es dejarse «llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina»

El relativismo es una corriente filosófica que se remonta a los tiempos de la antigua Grecia, con los sofistas, siendo su figura más destacada Protágoras de Abdera.

Sócrates, Platón y Aristóteles consideraban inadmisible el punto de vista relativista.

Muchos años después esta corriente filosófica fue desarrollada por Descartes y Kant y en el siglo XX por Nietzsche, James y Dewey entre otros.

Mucho se ha escrito sobre esta teoría filosófica, pero como no pretendo hacer una tesis doctoral sobre el tema, voy a definir de una manera muy sencilla el relativismo.

Es una posición filosófica que niega la existencia de la verdad objetiva, del mismo modo que afirma que no existe el bien y el mal. Hay tantas verdades como opiniones y hay tantos bienes y males como pareceres subjetivos. Es decir, cada uno tiene su verdad. Yo construyo mi propia moral.

Esta idea del relativismo actualmente está enraizada en la sociedad y es aceptada por la mayoría. Si hablas con alguien cuestionando esta teoría, con toda seguridad, se va a llevar las manos a la cabeza y te dirá que como osas poner en duda una idea que es universalmente aceptada. Lo que está haciendo es imponerte su relativismo y coartar tu libertad a pensar de forma distinta. Te está imponiendo que la verdad no existe. El relativismo es la intolerancia, el pensamiento único. Anula la libertad de pensamiento y la libertad religiosa.

Por supuesto que una persona que considera el relativismo como un pensamiento valido tiene todo el derecho a pensarlo y a expresarlo. A lo que no tiene derecho es a impedir que otros piensen de distinta manera y que lo manifiesten pacíficamente.

Si la verdad y el bien y el mal no existen y cada uno tiene su verdad y su concepción de lo que es el bien y lo que es el mal, se hace imposible declarar qué es verdad y qué está bien y qué está mal. A pesar del relativismo, existe una verdad universalmente admitida y es que matar a una persona está mal. Situémonos en el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York donde mataron a casi 3.000 personas, estamos de acuerdo en que fue una atrocidad y que eso está mal. Sin embargo, los que estrellaron los aviones contra las Torres pensaban que lo que iban a hacer estaba bien. Según la teoría del relativismo, no hicieron mal porque ellos tenían SU verdad. No hay mucho que discutir, matar personas está mal, lo haga quien lo haga. Esa es la verdad, la única verdad, consecuentemente, la verdad objetiva existe.


El relativismo ha calado hondo en la sociedad y nos ha impuesto sus trampas para que, sin darnos cuenta, entremos en su ámbito de influencia. Me estoy refiriendo a la expresión que utilizamos muy a menudo cuando mantenemos una conversación con otras personas: “para mí”. Si estamos hablando, por ejemplo, del holocausto comunista y decimos “para mí fue una barbaridad”, estamos entrando en el relativismo y, por lo tanto, dejando la puerta abierta a que eso no sea una atrocidad porque hay otros que así lo piensan. No podemos abandonar la verdad objetiva, tenemos que defender la verdad.

No en pocas ocasiones, muchas personas utilizan el relativismo como una mascara para justificar sus acciones y su conducta. Esto ocurre, verbigracia, con algunas mujeres que abortan, aún a sabiendas de que abortar es malo, y justifican lo que han hecho escudándose en el relativismo con frases como “mi cuerpo es mío y solo yo decido que hago con él”.

El relativismo también ha forzado un concepto de libertad que nada tiene que ver con el verdadero significado de la palabra. Los defensores de esta corriente filosófica han acuñado una frase con la que pueden justificar cualquier acción que hagan: “tengo derecho a hacer lo que YO quiera con MI VIDA”. Libertad no es hacer lo que yo quiera, libertad es tener la capacidad de poder elegir y decidir lo que es bueno para mi y para los demás. Libertad no es ser esclavo de los vicios, las pasiones y del mal.

El Papa Benedicto XVI, uno de los mejores teólogos de la Iglesia, nos ha advertido en muchas ocasiones del peligro del relativismo. Transcribo un párrafo suyo:

“A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse «llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos”

José Ignacio Echegaray, colaborador de la Fundación Enraizados

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