El cuidado de la casa propia: la propia interioridad

Conviene detenerse un momento a reconocernos internamente

Foto de vu anh en Unsplash
Foto de vu anh en Unsplash

El día de hoy, 8 de diciembre, el mundo Católico celebra la Fiesta de la Inmaculada Concepción. Una fiesta entrañable para el mundo cristiano, que siempre ha tenido un cariño especial a la Madre del Redentor. Y pienso que esta festividad nos da la ocasión de reflexionar sobre una realidad que dejamos de mirar; y que sin embargo, es esencial al momento de dirigir una empresa, una comunidad o una familia. Me refiero a la interioridad, o como se llama técnicamente, a la propia intimidad. Ese ámbito personal, donde nadie puede penetrar, nadie puede indagar, y que al mismo tiempo es el responsable de muchas de nuestras decisiones y de nuestro modo de ver las relaciones con los demás.

¿Cómo somos internamente? ¿Cuáles son nuestros pensamientos y deseos más profundos? Con mucha razón, Maese Eckhart comentaba en el siglo XIII, que estamos muy preocupados por el hacer, cuando deberíamos estar más preocupados por el ser. Dedicamos muchas horas al estudio para dominar más la naturaleza o los procesos de una organización; trabajamos con ahínco en la mejora física y nuestra capacidad vital; aprendemos idiomas; cultivamos la danza, la oratoria y el dominio escénico. Pero, dedicamos escaso tiempo o nulo a reconocer dónde estamos internamente, qué tipo de sentimientos son los que nos brotan espontáneamente, qué deseos tenemos, qué calidad tienen nuestras ilusiones, por qué tenemos esos miedos, por qué admitimos esas aversiones.

Como ocurre con todas las dimensiones humanas, la interioridad es un plano que también admite mejoras y progresos, cambios de timón y reconversiones. Hay una frase de la Sagrada Escritura que pienso nos viene muy bien en esta reflexión: “¿de qué le sirve a un hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?” ¿De qué nos puede servir que tengamos muchas competencias personales, o muchos recursos si nuestra interioridad es muy débil o está enferma? Si con un pequeño detalle que nos contrarie, todo el edificio de éxitos que hemos alcanzado se desploma súbitamente como un castillo de naipes.

En un artículo anterior, mencionaba que la persona que guarda un rencor a otra es una persona que está dañando todas sus relaciones personales. El rencor es algo interno y propio, y por tanto, estará presente en todas las relaciones que el interesado establezca. Como él se ha agriado internamente: se ha vuelto más sensible con todo lo que tenga que ver consigo mismo; se está acostumbrando a ver posibles enemigos en todas partes; es más desconfiado; ha disminuido su capacidad de dudar de sí mismo; se está acostumbrando a racionalizar sus obsesiones; y un largo etcétera, entonces ese avinagramiento siempre será una amenaza latente en las relaciones que establezca; y tarde o temprano, terminará surgiendo.

La interioridad de cada uno de nosotros es una dimensión esencial para la vida social, familiar, empresarial, nacional e internacional. Lo estamos observando en nuestro país con unas reacciones de odio ante la liberación de un reo anciano y enfermo. Se llega hasta el extremo de no admitir que alguien pueda tener misericordia. Incluso, a que no haya en la tierra alguien que pueda hacer un bien. Ojalá nunca tengamos de vecino a alguien que tiene un comportamiento así. La exposición es muy alta.


Por eso, conviene detenerse un momento a reconocernos internamente. Y junto con este reconocimiento, nunca desanimarnos por lo que podamos encontrar. En el caso de la interioridad, felizmente, siempre hay remedio; siempre es posible sanar.

Aún, en el último minuto de la vida, se presentará la oportunidad. De esto podemos estar seguros. Muchas de las personas que han pasado por un trance crítico y luego se han recuperado, comentan que en ese momento han visto pasar toda su vida como una película. Algo así como el último recurso que la Providencia Divina ha previsto para sanar esa interioridad.

Con todo, pienso que es mucho más valioso y fructífero buscar la medicina y empezar la recuperación ahora mismo, sin tener que esperar al último instante de la vida temporal. No solo haremos un gran bien a muchos con unas relaciones más sanas; los primeros beneficiados seremos nosotros mismos: tendremos más paz interior, más sencillez y más alegría…

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