El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo: Comentario P. Jorge Miró

Domingo 3 de septiembre

Cathopic

El P. Jorge Miró comparte con los lectores de Exaudi su comentario sobre el Evangelio de hoy 3 de setiembre de 2023, titulado “El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo”.

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¿Qué es ser cristiano?

En el catecismo aprendimos que «ser cristiano es seguir a Jesús».

Sí, seguir a Jesús. No seguirte a ti mismo, ni seguir el estilo de vida del mundo: El cristiano está en el mundo, pero no es del mundo.

El estilo de vida del mundo es radicalmente distinto del estilo de vida de Jesucristo: no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios (Rom 12, 2).

Ser cristiano no es una teoría o un moralismo legalista: es vivir una historia de amor con el Señor: Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir, hemos escuchado en la primera lectura; Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío, hemos cantado en el Salmo.

Una historia de amor que culminará en el cielo, donde ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman (1 Cor 2, 9).


Y el amor lo pide y lo da todo. No podemos amar a Dios sólo en lo que nos conviene y cuando nos conviene: nos lleva a entregarlo todo.

La vida del cristiano no se construye sobre los valores que están de moda en la sociedad, sino que el cristiano construye su vida sobre la Palabra de Dios, sobre las enseñanzas de Jesucristo.

Para ello, has de empezar por negarte a ti mismo, descubriendo que la fuente de tu actuar no está en tus gustos y apetencias, sino en la voluntad de Dios, descubriendo que serás feliz en la medida en que seas fiel a la voluntad de Dios.

Este es el culto espiritual que estamos llamados a dar. Esto es adorar al Padre en espíritu y verdad.

Por ello has de discernir cada día si lo que pide tu corazón es lo que Dios quiere. ¡Dios te ama! ¡Nadie te ama como Él!

Y entonces puedes ver cumplido el Salmo en tu vida: toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos… Mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene.

Invoca cada día al Espíritu Santo y pídele el don de consejo; y pregúntale: ¿cómo quieres que viva hoy? ¿cómo quieres que viva mi matrimonio, o mi sacerdocio o mi consagración religiosa? ¿Cómo quieres que trabaje o estudie? ¿Cómo quieres que viva mi diversión? ¿Cómo quieres que…?

¡Ven Espíritu Santo! (cf. _Lc_ 11, 13).