Evangelio 24 octubre, el poder sanador y salvador de la fe

Al momento recobró la vista y lo seguía por el camino

Cruz © Cathopic

El padre Jorge Miró comparte con los lectores de Exaudi su comentario sobre el Evangelio de hoy, 24 de octubre de 2021, XIX Domingo del Tiempo Ordinario, en el que reflexiona sobre el poder sanador y salvador de la fe.

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La Palabra de Dios que proclamamos hoy nos habla de la lucha entre la luz y las tinieblas y del poder sanador y salvador de la fe.

El Evangelio nos muestra la escena impresionante del encuentro de Jesús con el ciego de Jericó, que vive en la oscuridad hasta que se encuentra con Jesús: Jesucristo es la luz y le da la luz que le permite ver.

En él estamos representados todos. Es nuestra propia historia. Tantas veces, tú y yo estamos como el ciego: sentados al borde del camino, pidiendo limosna. Tantas veces estamos cansados y agobiados, desencantados y frustrados, taciturnos y «de vuelta» de todo, faltos de confianza y de esperanza, llenos de heridas…

Y, tantas veces, perdidos y desorientados vamos «mendigando» la felicidad y la vida, y se la vamos pidiendo a los ídolos: a los afectos, al dinero, al éxito, al poder, al placer, a la belleza…

Y así acaba aumentando nuestro desencanto, al comprobar que los ídolos no pueden darnos la vida. Y por ese camino, fácilmente terminamos viviendo una vida a la que no acabamos de ver el sentido.

Y en medio de esta historia, -tu historia-, grita al Señor, dile: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!».

Y el Señor, que te ama y está ahí contigo, en medio de tus sufrimientos, te dice: «¿Qué quieres que haga por ti?».

¡Ábrele el corazón al Señor! ¡Entrégale al Señor tu vida, tus sufrimientos, tus heridas…! ¡Pídele lo que necesitas!

Pero, sobre todo, pídele como el ciego: Señor, que recobre la vista, que pueda ver. ¡Pide el Espíritu Santo! Para que puedas ver que el Señor está contigo, que no deja de amarte nunca. Y entonces podrás seguir a Jesús alabándole y glorificándole por el camino.

Todos vivimos en la más profunda oscuridad hasta que nos encontramos con Jesucristo y dejamos que Él llene nuestro corazón. Cuando Jesucristo llena nuestro corazón las tinieblas se desvanecen y vemos con claridad, aunque la amenaza de la oscuridad está siempre presente, y, por tanto, la vida cristiana es una permanente lucha entre la luz y las tinieblas.

Bartimeo, tras recobrar la vista lo seguía por el camino: se convierte en su discípulo, participa con Jesús en el gran misterio de la salvación: Anda, tu fe te ha salvado. La fe es un camino de iluminación.

La Palabra te invita a salir de las tinieblas y a buscar la luz que es Cristo. Te invita a que revises tu propia vida a la luz de la enseñanza de Jesucristo y de la Iglesia y que mires si se ajusta a la luz que es Cristo, o si todavía quedan zonas oscuras llenas de tinieblas que es preciso iluminar. Ningún rincón de tu vida puede escapar a esta luz. Si eres cristiano lo has de manifestar en todo lo que pienses, digas y hagas. Ser cristiano es tener los mismos sentimientos y actitudes que tuvo Cristo Jesús (Flp 2, 4).

¡Ven Espíritu Santo! Regálame poder ver el amor de Dios en mi vida de cada día.