No hay peor prisión que un corazón cerrado

Una vida llena es disponerte a abrir tu corazón a los demás

Esta frase de San Juan Pablo II resuena en mí desde que la descubrí, el pasado 25 de octubre, día de su fiesta. Me llegó por algún sitio y desde entonces pienso mucho en ello. Es curioso cómo los santos pueden interpelarte desde el cielo y llegar directamente a tu corazón. Bueno, más que curioso, diría asombroso ¿no crees?

En estos tiempos en que la libertad se basa entre otras cosas en no tener vínculos y en ser super independientes y autónomos, no necesitados de los otros para nada, esta frase es de lo más actual.

Con bastante respeto a la figura de San Juan Pablo II y sabiendo que me voy a quedar muy corta y superficial, me gustaría reflexionar sobre ello.

La persona es (somos) un don, un regalo, creado por amor y para el amor. Un amor que se materializa en la relación y entrega al otro. Somos seres relacionales, hechos para darnos y para el encuentro con el otro. Necesitados de ese otro.  Y es que no hay un “yo” sin un “tú”.

Por tanto, somos seres vinculados que necesitamos de esos vínculos y ahí, en esa vinculación libre, elegida, está la libertad. Porque ser libre es tener que elegir.

Hoy la sociedad nos dice que si queremos ser libres, debemos ser independientes y autónomos y no necesitar de nadie. La autorrealización es posible y se basa, a su vez, en una actitud autorreferencial donde lo que cuenta es mi bienestar y lo que yo siento. Ese “yo” narcisista que se busca solo a sí mismo y su placer más inmediato. Es la idolatría del yo.

Esta desvinculación del tú es contra natura y nos hace endurecer un corazón hecho para amar y para el encuentro y, por tanto, abierto a los demás y a la realidad.

De ahí viene lo que estamos viviendo actualmente en nuestra sociedad y es ¿Quién se va a lanzar a formar una familia? ¿Quién se va a arriesgar al “sí quiero” para toda una vida? El matrimonio y la familia chocan directamente con este corazón endurecido y cerrado.

¿Qué significa cerrar el corazón? Sencillamente, vivir desde el yo. Es centrarme en mi independencia y autosuficiencia. Es vivir a merced de mis deseos más inmediatos y con una sed que nunca podré saciar. Es no estar abierto a mi vulnerabilidad y limitación. Es estar vacío.

Y la consecuencia será el intentar llenar ese vacío de muchas cosas materiales. De muchas falsas apariencias; de muchas máscaras que pondré para parecer la persona más feliz y exitosa del mundo, pero podemos empeñarnos en intentar llenar un saco roto que éste nunca se llenará.


Para mí, ese saco roto es la persona que tiene el corazón cerrado. Es esa persona que, por el motivo que sea, vive de espaldas a su naturaleza, a ese estar hecho para la comunión con otros. Somos seres individuales, únicos e irrepetibles, pero a la vez comunitarios, hechos para el encuentro con los demás y con un Otro. Y es que otra de las consecuencias de este corazón cerrado es la imposibilidad de alzar la mirada. Es el letargo vital que adormece la capacidad de trascender de la persona y de mirar más allá, y que te imposibilita para encuentro con Dios, tu padre y creador.

Si tú como individuo todo lo puedes y puedes darte la felicidad a ti mismo ¿Para qué necesitas alzar la mirada?

Podemos intentar llenar nuestra vida de éxitos, de palmaditas en la espalda de otros, de reconocimientos, de dinero, de cosas materiales, de placeres superfluos…. pero siempre estaremos vacíos. El saco no se llenará nunca. La sed no se saciará.

Estos días hemos asistido a un ejemplo vivo y actual de este vacío existencial. Y es que no hay nada como un testigo “con patas”. Me refiero a Daddy Yankee. Un cantante puertorriqueño bastante conocido que, en su último concierto ante miles de personas, ha hecho unas declaraciones que a muchos nos ha dejado con la boca abierta:

Alguien pudo llevar ese vacío que sentía por mucho tiempo…… pude recorrer el mundo durante años, ganar muchos premios, aplausos y elogios, pero me di cuenta de algo que dice la Biblia ¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?  Por eso, esta noche, reconozco y no me avergüenzo en decirle al mundo enero que Jesús vive en mí y que yo viviré para Él”

Si no lo has visto, te recomiendo que le busques en redes y le escuches. No hay nada como un testimonio encarnado.

Una vida llena no es una vida perfecta. Una vida llena es una vida compartida y entregada al Amor y al servicio a los demás. Una vida vivida en el hoy haciendo lo posible hoy, poniendo al servicio de la sociedad esos talentos recibidos para hacer de este mundo un lugar mejor.

Una vida llena es disponerte a abrir tu corazón a los demás, darles paso y que te puedan hacer daño.  Es saber que eres vulnerable y limitado y vivirte así, pero sabiendo que eres muy bello y valioso porque tu vida tiene un sentido.

Spotify