Cardenal Arizmendi: Que El Dinero No Te Esclavice

Que su criterio no sea quién les da dinero, sino quién es mejor persona

El cardenal Felipe Arizmendi, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas y responsable de la Doctrina de la Fe en la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), ofrece a los lectores de Exaudi su artículo semanal titulado Que El Dinero No Te Esclavice.

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MIRAR

Los gobiernos federales y estatales, desde hace algunos sexenios, se han preocupado por proporcionar apoyos económicos a adultos mayores, madres solteras, discapacitados, campesinos e indigentes, así como becas a jóvenes sin trabajo y a estudiantes. Esto es muy laudable, pues la sociedad debe ayudar a quienes más lo necesitan. Todos debemos ser solidarios con ellos. Sin embargo, estos dineros, que no salen de los bolsillos de las autoridades, sino de los impuestos que pagamos todos los ciudadanos, no deben usarse para comprar votos en tiempos electorales.

El próximo 2 de junio, en nuestro país se renovarán la presidencia de la República, varias gubernaturas, senadurías y diputaciones, así como otros cargos en diferentes Estados. En tal coyuntura política, se ha anunciado no sólo que a dichas personas se les aumentan las cantidades que de ordinario se les dan cada dos meses, sino que ahora les darán lo doble, por cuatro meses (más de 12 mil pesos -unos 700 dólares-), precisamente antes de las elecciones. ¿Qué significa esto? ¿Es justicia social y democracia, o demagogia y abuso de poder? Comprar a los pobres para que voten por un partido, es degradante e inhumano, pues los esclaviza y no se respeta su dignidad. Eso no es humanismo mexicano, sino dominio y control de conciencias por medio del dinero. ¡Y cuántos no se dan cuenta de que, con dinero, les manipulan! Ya no votan por quien pueda servir mejor a la comunidad, sino por quien les da más dinero. El dinero puede corromper.

En otros campos de la vida, sucede algo semejante. Hay padres y madres de familia que intentan comprar a sus hijos dándoles dinero y cosas materiales, no para educarlos en el esfuerzo y trabajo para que salgan adelante en la vida, sino para acapararlos y para que no les echen en cara sus infidelidades u otras deficiencias. Hay profesionistas, e incluso campesinos, que descuidan su salud y su familia, con tal de ganar más dinero y tener más y más cosas materiales. Son esclavos del trabajo y del dinero.

DISCERNIR

El Papa Francisco, en una catequesis reciente sobre vicios y virtudes, habló sobre “la avaricia, es decir, aquella forma de apego al dinero que impide al ser humano ser generoso. Es una enfermedad del corazón, no de la cartera.


Nosotros podemos ser señores de los bienes que poseemos, pero a menudo ocurre lo contrario: al final, ellos nos poseen. Algunos hombres ricos no son libres, ni siquiera tienen tiempo para descansar, tienen que cubrirse las espaldas porque la acumulación de bienes exige también su custodia. Están siempre angustiados, porque un patrimonio se construye con mucho sudor, pero puede desaparecer en un momento. Olvidan la predicación evangélica, que no afirma que las riquezas sean en sí mismas un pecado, pero sí que son ciertamente una responsabilidad. Dios no es pobre: es el Señor de todo, pero – escribe San Pablo- «siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» (2 Cor 8,9).

Eso es lo que el avaro no comprende. Podría haber sido causa de bendición para muchos, pero en lugar de eso, se metió en el callejón sin salida de la infelicidad. Y la vida del avaro es fea. ¡Tengamos cuidado! Y seamos generosos, generosos con todos y generosos con los que más nos necesitan(24-I-2024).

En su mensaje para esta Cuaresma, nos advierte: “Podemos apegarnos al dinero, a ciertos proyectos, ideas, objetivos, a nuestra posición, a una tradición e incluso a algunas personas. Esas cosas en lugar de impulsarnos, nos paralizarán. En lugar de unirnos, nos enfrentarán. Existe, sin embargo, una nueva humanidad, la de los pequeños y humildes que no han sucumbido al encanto de la mentira. Mientras que los ídolos vuelven mudos, ciegos, sordos, inmóviles a quienes les sirven (cf. Sal 115,8), los pobres de espíritu están inmediatamente abiertos y bien dispuestos; son una fuerza silenciosa del bien que sana y sostiene el mundo”.

Ya nos había dicho en Evangelii gaudium: “¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano” (EG 58).

ACTUAR

Preguntémonos qué tanto somos esclavos del dinero, o administradores responsables para usarlo en bien propio y de la familia, así como de la comunidad, en particular de las personas con menos posibilidades. Y ayudemos a quienes reciben apoyos económicos del gobierno, a no esclavizarse a un partido, sino discernir quién puede servir mejor al país. Que su criterio para votar no sea quién les da dinero, sino quién es mejor persona.

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