Cumplir el papel de líderes “según el corazón de Dios”

Audiencia con un grupo de empresarios procedentes de Francia

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Audiencia con un grupo de empresarios procedentes de Francia © Vatican Media

El Papa Francisco ha querido compartir algunas enseñanzas del Evangelio a los empresarios de Francia para ayudarles a “cumplir su papel de líderes según el corazón de Dios”.

Hoy viernes 7 de enero del 2021 el Papa Francisco ha recibido en audiencia a un grupo de empresarios procedentes de Francia, que viajaron en peregrinación a Roma.

Un corazón al servicio de todos

papel líderes corazón DiosEn su discurso, Francisco ha resaltado lo “hermoso y valiente” que es a pesar del individualismo “la indiferencia e incluso la marginación de las personas más vulnerables” que existan empresarios y líderes empresariales que tienen en su corazón “el servicio de todos y no sólo de los intereses privados o de los círculos restringidos”.

De este modo, el Pontífice ha querido compartir algunas enseñanzas del Evangelio “para ayudarles a cumplir su papel de líderes según el corazón de Dios”. Para ello, el Papa presenta “dos pares conceptos que parecen estar siempre en tensión, pero que el cristiano, ayudado por la gracia, puede unificar en su vida: ideal y realidad; autoridad y servicio”.

Ideal y realidad

papel líderes corazón DiosSobre el concepto de ideal y de realidad, el Santo Padre explica que hace unos días evocaba “esa ‘colisión’, ese choque, que todo cristiano experimenta a menudo, entre el ideal que sueña y la realidad que encuentra”. “Lo hice refiriéndome a la Virgen María ante el pesebre de Belén, aquella que se ve obligada a dar a luz al Hijo de Dios en la pobreza de un establo (cf. Homilía, 1 de enero de 2022): ‘Esperamos que todo vaya bien y entonces llega un problema inesperado, como un rayo. Y se produce un doloroso choque entre las expectativas y la realidad’”(ibíd.).

En sus palabras el Santo Padre también se ha referido a la búsqueda del bien común, “es una cuestión que os preocupa, un ideal, en el contexto de vuestras responsabilidades profesionales”. El bien común es, por tanto, un elemento determinante en vuestro discernimiento y en vuestras elecciones como dirigentes, pero tiene que contar con las obligaciones impuestas por los sistemas económicos y financieros vigentes, que a menudo se burlan de los principios evangélicos de justicia social y caridad”.

Autoridad y servicio

En referencia al segundo par de conceptos mencionados, autoridad y servicio, Su Santidad remite a “cuando los Apóstoles discuten quién es el más grande entre ellos, Jesús interviene: ‘Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos’. (Mc 9,35).  “La misión del líder cristiano se asemeja, en muchos aspectos, a la del pastor, del que Jesús es el modelo, y que sabe ir delante del rebaño para mostrar el camino, sabe quedarse en el centro para ver lo que ocurre allí, y sabe quedarse detrás, para asegurarse de que nadie pierde el contacto”, señala.

Tener el ‘olor de las ovejas’

papel líderes corazón DiosSobre esta cuestión el Papa subraya cómo “a menudo he instado a los sacerdotes y a los obispos a tener ‘el olor de las ovejas’, a sumergirse en la realidad de las personas que les han sido confiadas, a conocerlas, a hacerse cercanos a ellas”. “Creo que este consejo también se aplica vosotros”. Así, el Papa Francisco anima a los empresarios a “estar cerca de quienes trabajan con ustedes a todos los niveles: a interesarse por sus vidas, a ser conscientes de sus dificultades, sufrimientos, angustias, pero también de sus alegrías, planes y esperanzas”.

El Obispo de Roma recuerda además que “el ejercicio de la autoridad como servicio requiere compartirla”. También, “aquí Jesús es nuestro maestro, cuando envía a sus discípulos en misión, dotándolos de su propia autoridad (cf. Mt 28,18-20)”.

Por último, el Sucesor de Pedro expresa lo exigente que puede llegar a ser el Evangelio y “lo difícil que es aplicarlo en un mundo profesional competitivo”. A pesar de ello, Francisco hace una invitación a “mantener vuestra mirada fija en Jesucristo, con tu vida de oración y el ofrecimiento de tu trabajo diario”, concluye en su discurso.

A continuación, sigue el discurso completo del Santo Padre ofrecido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

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Discurso del Santo Padre

Queridos amigos

Me complace recibiros con motivo de su peregrinación a Roma sobre el tema del bien común. Agradezco al arzobispo Dominique Rey sus amables palabras. Me parece muy hermoso y valiente que, en el mundo actual, a menudo marcado por el individualismo, la indiferencia e incluso la marginación de las personas más vulnerables, algunos empresarios y líderes empresariales tengan en su corazón el servicio de todos y no sólo de los intereses privados o de los círculos restringidos. No dudo de que esto represente un reto para vosotros. Así que me gustaría compartir con ustedes algunas enseñanzas del Evangelio para ayudarles a cumplir su papel de líderes según el corazón de Dios. Tomaré dos pares de conceptos que parecen estar siempre en tensión, pero que el cristiano, ayudado por la gracia, puede unificar en su vida: ideal y realidad; autoridad y servicio.

El ideal y la realidad. Hace unos días evocaba esa “colisión”, ese choque, que todo cristiano experimenta a menudo, entre el ideal que sueña y la realidad que encuentra. Lo hice refiriéndome a la Virgen María ante el pesebre de Belén, aquella que se ve obligada a dar a luz al Hijo de Dios en la pobreza de un establo (cf. Homilía, 1 de enero de 2022): “Esperamos que todo vaya bien y entonces llega un problema inesperado, como un rayo. Y se produce un doloroso choque entre las expectativas y la realidad” (ibíd.).

La búsqueda del bien común es una cuestión que os preocupa, un ideal, en el contexto de vuestras responsabilidades profesionales. El bien común es, por tanto, un elemento determinante en vuestro discernimiento y en vuestras elecciones como dirigentes, pero tiene que contar con las obligaciones impuestas por los sistemas económicos y financieros vigentes, que a menudo se burlan de los principios evangélicos de justicia social y caridad. Y me imagino que, a veces, vuestra tarea os pesa, que vuestra conciencia entra en conflicto cuando el ideal de justicia y de bien común que quisieráis alcanzar no se ha realizado, y que la dura realidad se os presenta como una carencia, un retroceso, un remordimiento, un choque.

Es importante que seáis capaces de superar esto y vivirlo con fe, para que podáis perseverar y no os desaniméis. Ante el “escándalo del pesebre”, María no se desanimó, no se rebeló, sino que reaccionó guardando y meditando en su corazón, demostrando una fe adulta, que se fortalece con la prueba. Custodiar es aceptar, a pesar de la oscuridad y con humildad, las cosas que son difíciles de aceptar, que no queríamos, que no podíamos evitar; no tratar de disfrazar o “maquillar” la vida, para escapar de nuestras responsabilidades. Y meditar es, en la oración, unificar las cosas buenas y malas que componen la vida, para captar mejor el entrelazamiento y el sentido en la perspectiva de Dios (cf. ibíd.).

El segundo par: autoridad y servicio. Cuando los Apóstoles discuten quién es el más grande entre ellos, Jesús interviene: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. (Mc 9,35). La misión del líder cristiano se asemeja, en muchos aspectos, a la del pastor, del que Jesús es el modelo, y que sabe ir delante del rebaño para mostrar el camino, sabe quedarse en el centro para ver lo que ocurre allí, y sabe quedarse detrás, para asegurarse de que nadie pierde el contacto. A menudo he instado a los sacerdotes y a los obispos a tener “el olor de las ovejas”, a sumergirse en la realidad de las personas que les han sido confiadas, a conocerlas, a hacerse cercanos a ellas. Creo que este consejo también se aplica vosotros. Por ello, les animo a estar cerca de quienes trabajan con ustedes a todos los niveles: a interesarse por sus vidas, a ser conscientes de sus dificultades, sufrimientos, angustias, pero también de sus alegrías, planes y esperanzas.

El ejercicio de la autoridad como servicio requiere compartirla. También aquí Jesús es nuestro maestro, cuando envía a sus discípulos en misión, dotándolos de su propia autoridad (cf. Mt 28,18-20). Se le invita a poner en práctica la subsidiariedad por la que “se valora la autonomía y la capacidad de iniciativa de todos, especialmente de los más pequeños”. Todas las partes de un cuerpo son necesarias y […] aquellas partes que podrían parecer más débiles y menos importantes son en realidad las más necesarias” (Audiencia General, 23 de septiembre de 2020). Así, el directivo cristiano está llamado a considerar cuidadosamente el lugar que se asigna a todas las personas de su empresa, incluso a aquellas cuyas funciones podrían parecer de menor importancia, porque todos son importantes a los ojos de Dios. Aunque el ejercicio de la autoridad nos exige tomar decisiones valientes, a veces en primera persona, la subsidiariedad permite que cada uno dé lo mejor de sí mismo, se sienta partícipe, cargue con su parte de responsabilidad y contribuya así al bien del conjunto.

Soy consciente de lo exigente que puede ser el Evangelio y de lo difícil que es aplicarlo en un mundo profesional competitivo. Sin embargo, te invito a mantener tu mirada fija en Jesucristo, con tu vida de oración y el ofrecimiento de tu trabajo diario. Experimentó en la cruz que amó hasta el final, que cumplió su misión hasta dar la vida. Tú también tienes tus cruces que cargar. Pero tened confianza: ha prometido acompañarnos “hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). No dudéis en invocar al Espíritu Santo para que guíe vuestras decisiones. La Iglesia necesita vuestro testimonio.

Os doy las gracias y os bendigo. Y no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.