Entrevista exclusiva a Mons. Gómez: El derecho a la vida, fundamento para todos los derechos humanos

Presidente del episcopado de Estados Unidos

Entrevista Mons. Gómez vida
Foto de OneLife LA antes de la pandemia © Twitter Mons. Gómez & OneLife LA

Mons. José H. Gómez afirma que el derecho a la vida es el fundamento de todos los demás derechos humanos, y que sin él no se pueden garantizar todos los demás derechos.

En una entrevista exclusiva y amplia con Exaudi, el presidente de los obispos católicos de Estados Unidos y arzobispo de Los Ángeles lo ha puesto de relieve, al tiempo que ha recordado el llamamiento del Papa Francisco a favor de la vida, entre numerosas exhortaciones, en su discurso anual del 8 de febrero a los embajadores ante la Santa Sede.

En la entrevista, el prelado estadounidense no sólo reflexiona sobre la construcción de una cultura de la vida, sino sobre los llamamientos del Pontífice a la libertad de culto. El arzobispo californiano, al hablar de su experiencia directa con los intentos de violación de la libertad religiosa en su estado, la califica de “derecho fundamental”, y reafirma la urgente necesidad de la fraternidad, detallando cómo es ésta concretamente.

Además, Mons. Gómez habla sobre cómo vivir con sentido y sin perder la esperanza esta segunda Cuaresma en medio de una pandemia, y aborda la división entre los católicos estadounidenses y cómo trabajar por la unidad a pesar de las diferencias.

A continuación, sigue la conversación de Deborah Castellano Lubov, de Exaudi, con Monseñor José H. Gómez.

***

Exaudi: Excelencia, los fieles están a punto de comenzar su segunda Cuaresma durante esta pandemia. ¿Cuál es, en su opinión, la mejor manera de vivir con sentido el tiempo litúrgico en estos momentos tan difíciles?

Monseñor Gómez: Aquí en la arquidiócesis de Los Ángeles, estamos reflexionando en esta Cuaresma sobre el tema “Confía en el Señor”.  Creo que todos entendemos que esta pandemia ha sacudido la fe de la gente. Aunque las cosas están mejorando poco a poco en todo el país con las vacunas, la pandemia ha creado heridas espirituales y emocionales que aún no hemos empezado a ver.

Desde hace casi un año, la gente no puede trabajar, ni ir a la escuela, ni siquiera ir a la iglesia. Todavía muchas personas no pueden ni siquiera ver a sus familias. Muchos han estado enfermos o han perdido a sus seres queridos. Lo más duro para mí durante estos meses ha sido saber que a tantas personas se les ha impedido estar con sus seres queridos mientras estaban enfermos y moribundos.

Y para muchas personas esto ha supuesto una tribulación, una severa prueba de su fe. Estamos escuchando este desafío en nuestros ministerios: ¿Cómo pudo Dios permitir que esto sucediera? ¿Ha olvidado Dios su amor por nosotros?

Estas son preguntas profundas que la gente está sintiendo, creo que es importante en este momento que proclamemos esta hermosa verdad sobre la providencia de Dios y que ayudemos a nuestros hermanos y hermanas a aprender a confiar de nuevo en Él.

Exaudi: ¿Cómo se puede hacerse esto concretamente?

Monseñor Gómez: Debemos ayudar a nuestros hermanos y hermanas a comprender que el plan de Dios para la creación es un plan de amor, y que Él siempre está llevando a cabo sus amorosos propósitos en la historia y en el alma de cada persona. Tenemos que ayudarles a ver que el mundo está en las manos bondadosas de nuestro Padre, y que incluso en las dificultades y el dolor, sus designios son de amor, y Él escucha nuestras oraciones y guía nuestras vidas.

Proclamamos esta hermosa verdad no solo con nuestras palabras, sino más bien con nuestras acciones. Todos debemos ampliar el círculo de amor que nos rodea, empezando por la forma en que tratamos en nuestras familias y hogares. Y nuestro círculo de amor debe crecer siempre. El verdadero amor significa siempre ir más allá de nuestras propias preocupaciones y abrirnos a las necesidades de los demás. Con nuestro propio amor – con la forma en que servimos a nuestros vecinos, con la forma en que nos cuidamos unos a otros, especialmente a los débiles y vulnerables – podemos ayudar a conocer el amor de Dios y a confiar en Él en este momento difícil.  Todos estos son buenos temas para que reflexionemos durante esta segunda Cuaresma bajo la pandemia.

Exaudi: Recientemente, el Papa Francisco recibió al Cuerpo Diplomático de la Santa Sede y afirmó que “las dimensiones espiritual y moral de la persona humana no son menos importantes que la salud física”. ¿Hasta qué punto, en su opinión, puede un Estado limitar la libertad de culto por motivos ligados a la pandemia?

Monseñor Gómez: El liderazgo del Santo Padre durante esta pandemia ha sido inspirador. Tiene razón al poner de manifiesto una crisis de la persona humana. En nuestras sociedades occidentales, estamos perdiendo la verdad de que la persona humana es una criatura con cuerpo y alma, que hemos sido creados para relacionarnos entre nosotros y con nuestro Creador, y que tenemos un destino que es trascendente, que va más allá de nuestra vida física en esta tierra.

Esta pandemia nos ha obligado a enfrentarnos a la verdad de que la vida humana es preciosa y frágil, que la enfermedad y la muerte forman parte de la vida. Pero no podemos olvidar que nuestra salud como seres humanos es más que la simple “vida desnuda”, más que tener salud en nuestros cuerpos.

En cuanto a los controles sociales y los límites al culto establecidos por los gobiernos, es importante recordar que el Papa Francisco y los obispos de todo el mundo no cerraron sus iglesias y escuelas porque el Gobierno lo dijera. Se cerraron por amor a las almas confiadas a nuestro cuidado, especialmente a los ancianos y vulnerables. Todos hemos cooperado con los esfuerzos razonables realizados por nuestras autoridades civiles para frenar la propagación del virus, que es mortal.

Exaudi: Sí, efectivamente…

Monseñor Gómez: Pero también es cierto que ahora mismo estamos viendo, en toda nuestra sociedad, los profundos costes humanos de las medidas bienintencionadas que se tomaron para preservar la vida, como el aislamiento social extremo, el cierre económico y la interrupción de los servicios religiosos.

El sufrimiento humano y las enfermedades mentales causadas por estas medidas son otro reflejo de la verdad de que los seres humanos tienen un espíritu trascendente que debe ser alimentado para su propia salud y para el bienestar de la sociedad. Necesitamos cuidar nuestras almas tanto como nuestros cuerpos.

Exaudi: Sobre este tema, California acaba de ganar un importante caso judicial sobre la libertad de culto. El Tribunal Supremo ha fallado en contra de una prohibición que habría impedido la mayoría de los cultos en interiores. ¿Por qué es tan significativa esta victoria, también para el futuro?

Monseñor Gómez:  Como he dicho, la iglesia Católica de California ha cooperado con los esfuerzos de los funcionarios públicos para contener la propagación de esta enfermedad mortal, incluyendo el cierre de nuestras escuelas y la suspensión del culto público.

Hemos tomado estas medidas, no porque el Gobierno haya emitido una orden, sino porque nuestro Dios es amor y nos llama a amar a nuestro prójimo. Eso significa trabajar por el bien común y proteger la santidad y la dignidad de la vida humana, cuidando especialmente de pobres, ancianos, enfermos y más vulnerables.

El Tribunal Supremo reconoció acertadamente que la prohibición total de los servicios de culto en interiores por parte del Estado no era una respuesta razonable a la situación de la salud pública, especialmente porque el Estado permite otras grandes reuniones con fines seculares, como las compras. Esta decisión fue alentadora para nosotros porque reconoce que la libertad de culto es un derecho humano básico. Creo que también reconoce que la religión es esencial para el verdadero bienestar y prosperidad del ser humano.

Exaudi: Sí, la religión y el culto, pero haciéndolo con seguridad…

Monseñor Gómez: Nuestras iglesias seguirán actuando con prudencia y cautela, siguiendo las orientaciones de las autoridades de salud pública. Nuestra gente acude a la iglesia con el rostro cubierto y practicando el distanciamiento social. Hemos introducido cambios en la forma de celebrar el culto y aplicado nuevas medidas de saneamiento. Hacemos todo lo posible para garantizar la salud y la seguridad de nuestra gente y de nuestros vecinos.

Exaudi: En este mismo discurso a los embajadores, el Papa hizo fuertes declaraciones recordando “el valor de la vida, de cada vida humana y de su dignidad, en todo momento de su itinerario terrenal, desde la concepción en el seno materno hasta su conclusión natural”. Llegó a reconocer que “duele constatar que, con el pretexto de garantizar supuestos derechos subjetivos, un número cada vez mayor de legislaciones de todo el mundo parecen distanciarse del deber esencial de proteger la vida humana en todas sus etapas”. Ante los crecientes movimientos a favor del aborto en todo el mundo, incluso en Polonia o Argentina, que cada vez ganan más terreno, ¿está preocupado? ¿Qué tipo de respuesta cree que es necesaria?

Monseñor Gómez: En el discurso al que te refieres, el Santo Padre también dijo que, si no protegemos el derecho a la vida de nuestros hermanos y hermanas más débiles y vulnerables, nunca podremos garantizar plenamente ningún otro derecho humano. Por tanto, el derecho a la vida es el fundamento de todos los derechos.

No es fácil hablar del aborto. Es emotivo y los temas son complicados. Pero, como dice el Pontífice, no podemos quedarnos callados cuando tantas vidas no nacidas son descartadas por el aborto.

Exaudi: Y, ¿cómo no quedarse callado?

Monseñor Gómez: Tenemos que hablar en nombre de todas las personas de nuestra sociedad que no pueden defenderse. La vida humana prenatal es realmente la más inocente y vulnerable en nuestra sociedad. También tenemos que seguir trabajando para construir una sociedad que vea que la nueva vida humana no es una carga, sino un hermoso regalo.

Esto significa ayudar a las mujeres embarazadas con dificultades, promover la adopción y la acogida, y apoyar a los niños y fortalecer los matrimonios y las familias. Todo esto es lo que significa construir una cultura de la vida.

Exaudi: Concretamente, su archidiócesis continuó con su tradición de celebrar anualmente el OneLife LA. Este año se hizo de forma virtual. ¿Podría hablarnos un poco más sobre ello y de los frutos que espera que tenga?

Monseñor Gómez: OneLife LA siempre ha sido más que un evento. Es una visión, un movimiento, más allá de ser simplemente una procesión y una reunión que celebramos una vez al año. Intentamos construir una cultura de conciencia, compasión y cuidado. Es algo más espiritual que político. Creemos en un Dios de amor que nos crea para amar y ser amados.

Para nosotros, OneLife significa promover y proteger la santidad y la dignidad de cada persona humana, que es amada por Dios personalmente. Y estamos viendo los frutos, estamos creando asociaciones en la comunidad, reuniendo a la gente para abordar los problemas de forma positiva.

Exaudi: La fraternidad es un tema recurrente en las enseñanzas del Papa Francisco. También a los embajadores, el Santo Padre sugirió que necesitamos la fraternidad contra la pandemia tanto como las vacunas contra ella. ¿Cómo ve esta recomendación?

Monseñor Gómez: De nuevo, la enseñanza del Papa aquí es importante. Lo que ocurre en nuestras sociedades, en todo Occidente, es que hemos perdido la verdad y el sentido de la vida humana.

Y lo que el Papa reconoce es que, a menos que creamos que tenemos un Padre en el cielo, no hay ninguna razón necesaria para que nos tratemos unos a otros como hermanos y hermanas aquí en la tierra. Sin la creencia en un Dios que crea a la persona a su imagen y semejanza, perdemos la base de todos los principios y objetivos nobles que tenemos en nuestra sociedad. No tenemos una base sólida para nuestros compromisos con la dignidad humana, la libertad, la igualdad y la fraternidad.

En nuestra respuesta a la pandemia – y en todos los ámbitos de la vida – necesitamos más fraternidad. Y eso viene de entender que Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos, y que nos llama a vivir juntos en el amor como hermanos y hermanas.

Exaudi: Cuando el Papa habló con Catholic News Service con motivo de su centenario, lamentó la polarización en la iglesia estadounidense, advirtiendo: “El camino de la división no lleva a ninguna parte”. Y animó: “Recordad la oración de Jesús, ‘Que todos sean uno’ – unidad que no es uniformidad, no. Unidad con diferencias, pero un solo corazón. ‘Yo pienso así, tú piensas así. Podemos discutirlo’, pero con el mismo corazón”. Como presidente de los obispos católicos de Estados Unidos, ¿cómo ha acogido estas palabras del Santo Padre?

Monseñor Gómez: No es ningún secreto que nos encontramos en un momento difícil en Estados Unidos. Vemos las cosas obvias, la polarización, la falta de caridad y civismo en la forma en que hablamos de nuestras diferencias. Vemos las dificultades que nuestros líderes políticos parecen tener para trabajar juntos y comprometerse por el bien común.

Y, sí, la distinción que el Santo Padre hace aquí es importante. La unidad no significa que no tengamos diferencias. Pero sí que entendemos nuestras diferencias a la luz de lo que nos une. Y lo que nos une es que somos hijos de Dios. Eso significa que debemos mirar a los demás como hermanos y hermanas. Tenemos que escuchar con paciencia a los que no están de acuerdo con nosotros y amar a nuestros enemigos y bendecir a los que se oponen a nosotros, y tenemos que tratar a los demás con la misma compasión que queremos para nosotros. Ninguno de nosotros tiene todas las respuestas. Nos necesitamos unos a otros.

Exaudi: Conscientes de esta necesidad mutua, aunque haya desacuerdos, ¿cómo se puede trabajar por la unidad?

Monseñor Gómez: En nuestra vida política en Estados Unidos, también deberíamos estar unidos por un compromiso común con los propósitos sagrados de nuestro país: ser una nación bajo Dios, dedicada a la verdad de que todos los hombres y mujeres son creados iguales; que cada persona tiene derechos otorgados por nuestro Padre, y que estamos hechos para vivir en libertad y verdad.

Por eso rezamos por la unidad y la paz en nuestro país, y por un nuevo espíritu de verdadero patriotismo. Durante la pandemia, los obispos estadounidenses renovaron la consagración de nuestro país a la Santísima Virgen María, por lo que rezamos especialmente por su intercesión como nuestra patrona y como Reina de la Paz y Espejo de la Justicia.