Halloween: ¿Rechazar o participar?

Enrique Soros, comunicador social, ofrece este artículo sobre la próxima fiesta de Halloween en la que plantea el dilema sobre si rechazar o participar en ella y ofrece la alternativa de discernir frente a absolutizar.

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Dos acepciones de la palabra Halloween

Todos los años, desde principios de octubre, se cruzan en perfiles de católicos dos visiones distintas sobre Halloween, que tiene lugar el 31 de octubre. Y es que, podríamos afirmar que se trata prácticamente de dos cosas distintas que llevan el mismo nombre. Una, es la visión oscura de la celebración, donde en algunas partes se rinde culto al demonio. Otra, es la fiesta popular, donde cuando cae el sol, millones de niños salen con sus disfraces acompañados de sus padres, muchas veces también disfrazados, para ir por las casas mendigando dulces.

En los barrios, muchas familias ya preparan esta fiesta días antes, adornando el frente de sus casas con imágenes tétricas o no tanto, monstruos que se mueven, arañas que cuelgan,; y cuando llega el momento, se pasan horas en la calle atendiendo con alegría a los niños que pasan para llevarse la golosina esperada. Y no, ya casi no se usa decir “trick or treat” – te hago una travesura si no me das un dulce -. Simplemente los niños pasan por la casa, saludan y se llevan su dulce.

Hispanos denostan la fiesta

En las redes surgen vídeos, gráficos y posts donde católicos invitan a no caer “en el pecado de Satanás”, participando de una “celebración pecaminosa”. Lo que llama la atención es que estos mensajes vienen siempre de hispanos, nunca de anglos, que son quienes lo celebran en Estados Unidos por más de un siglo. Y me pregunto… ¿Será que los anglos católicos son más propensos a caer en el satanismo? ¿O será que los hispanos vienen con sus preconceptos, y no hacen el esfuerzo de comprender algo tan simple como es una fiesta familiar que celebran los anglos – hoy ya expandido a todas las culturas del país -?

Ser universales nos permite conocer el mundo a evangelizar

“Católico” significa “universal”. Pero, ¿qué hacemos con este concepto? ¿Qué alcance tiene para nuestra vida práctica? Pocas veces profundizamos en este tema. La palabra nos abre al mundo, nos abre a la diversidad, nos abre a la inmensidad. Pero, ¿de qué forma concreta? Nos invita a conocer la realidad compleja del mundo, porque no hay un rincón que Jesús no nos llame a evangelizar.

Entiendo perfectamente que es más fácil rechazar una realidad complicada, que analizarla, salir de nuestra zona de confort y discernir en qué grado conviene integrarse y en qué grado desechar. ¡Cuánto más fácil es dictaminar!: “Esto tiene elementos malos, por lo tanto, quien no lo rechaza está con el demonio”. Lo escuchamos constantemente en las redes de personas que tienen peso moral en las mentes de muchos. Nos facilitan la vida, porque nos dicen con claridad lo que es bueno y lo que es malo, y nos ahorran el discernimiento, pero, lamentablemente, con ello, aniquilan la voz de Dios en nuestros corazones.

El principal enemigo de la Iglesia es el pensamiento en categorías cerradas

Estoy convencido de que el principal enemigo de la Iglesia es el pensamiento cerrado, es el cristiano que tiene todo resuelto, y ante cualquier duda, saca una ficha del maletín con la respuesta correcta. Con razón, afirma Francisco que un teólogo que tiene respuesta para todo, es un teólogo mediocre. Creo que es bastante benévolo.

El pensamiento en categorías cerradas expone la incapacidad de razonar en contextos. Esto incluye el absolutizar incluso el mensaje de Jesús y reducirlo a textos “perfectos” e inamovibles. De esta forma, perdemos la oportunidad de sentirnos hijos de Dios en libertad, lo que cambiaría definitivamente nuestra forma de pensar, de amar, de vivir.

¿Cómo discernir? 3 elementos

Nuestro desafío de vida es discernir constantemente la voluntad de Dios, para poder realizarla. Pero ¿cómo descubrirla? El P. Kentenich propone 3 fuentes del discernimiento para encontrar la voluntad de Dios.

  • La primera es la voz de Dios en el orden de ser, en la realidad objetiva de las cosas.
  • La segunda, es la voz del alma. Dios nos habla a través de nuestra conciencia, de nuestro corazón, de nuestra historia, de lo que nos sucede, en cuanto esto nos ayude a dilucidar la voz de Dios en un tema concreto.
  • Y la tercera es la voz de Dios en el tiempo, en la sociedad, en hechos concretos, en lo que le pasa a los seres humanos, a las instituciones, las corrientes.

Obviamente el discernimiento responsable nos exige dedicación personal, oración, humildad y honestidad, a diferencia de que si otro nos da el tema definido y cerrado. Con el ejercicio constante, el discernimiento se va haciendo más natural en nuestras vidas, y nos permitirá cumplir más profundamente con nuestra misión.

El gran desafío: educar en el discernimiento

Como cristianos, y más todavía como católicos, como “universales”,  estamos llamados a educar en el discernimiento a quienes se encuentran bajo nuestra responsabilidad. Y no. No por ser “universales” tendremos que abrazarlo todo. Bajo ningún punto de vista. La implicancia del ser universales radica en abrirnos a la realidad global, completa, para así, con esa amplitud de criterio, y basados en los principios cristianos, de la Iglesia, podamos discernir con plena libertad. El razonamiento cerrado nos limita, nos aísla del mundo de Dios, mientras que el discernimiento a conciencia, nos ayuda a integrarnos a la voluntad de Dios, y nos libera.


Cuanto menos eduquemos con moralina a nuestros hijos, cuanto menos estemos detrás de ellos ante cada decisión, cuanto menos les inundemos con consejos, más exigidos estaremos de ser testimonio vivo de nuestra fe, y más sentirán ellos de que son los responsables de su propio camino. Es verdad, el mundo es muy complejo. No es fácil educar. Es esencial que vivamos un espíritu auténtico de familia. Es importante demorar muchas cosas que la sociedad impone. Pero educadores responsables deben evaluar constantemente la relación costo – beneficio. Hasta dónde demorar cosas “que todos hacen”, y cuándo permitir que las hijos las hagan.

Educar implica riesgos

Volviendo al tema de Halloween: si excluimos a nuestros hijos de todo lo que creemos que es peligroso, lo único que lograremos es que salgan corriendo a buscarlo. Y ni que hablar de cosas simples, ingenuas, positivas y familiares como es disfrazarse de monstruos o de maestros, y compartir con los amigos del barrio la alegría de la vida.

Está bien que opinemos distinto. Lo preocupante, es cuando teólogos, predicadores católicos, o los mismos padres, toman decisiones que deberíamos tomar nosotros, y sean absolutos, y definan autoritariamente lo que es bueno y lo que es malo.

Educar implica riesgos, pero el riesgo mayor es cuando controlamos, dictaminamos, en vez de regalar una libertad con acompañamiento y afecto.

Integración de naturaleza y gracia

Personalmente, después de vivir 25 años en Estados Unidos, puedo decir que mi esposa y yo hemos acompañado a nuestro hijo a disfrutar su Halloween con sus amigos mientras él lo deseó. Jamás vimos nada malo. Por el contrario, puedo decir que es la fiesta en el país que más une a las comunidades barriales. E irónicamente, solo escuchamos del demonio de boca de los hispanos que denostan la fiesta, no de los que la celebran.

Dios quiere que integremos las cosas humanas naturales con lo sobrenatural.

Nuestro hijo, hoy, en la universidad, va a misa diaria y reza con sus amigos todos los días el rosario a las 11 de la noche, y no se pierde un partido de fútbol americano en Notre Dame. Integración de naturaleza y gracia. Disfrutar de la vida con pureza de corazón y elevarla a Dios. En libertad.