Mártires del Youtube

Lo que transmitimos, puede ser visto, y por tanto evaluados por millones de personas, las cuales se convierten en jueces de lo que oyen y ven

Me sorprendió hace unos días que los informativos de mayor audiencia en televisión dieran la noticia de que una tertulia de YouTube compuesta por sacerdotes se iniciara con la “buena intención” de rezar para el papa Francisco vaya pronto al cielo. Por el tono jocoso no pareciera que el santo Padre estaba en su lecho de muerte. Se entendía que les molestaba su magisterio.

Por lo visto ha habido disculpas, por la expresión compartida por los tertulianos de que acabe la vida terrenal del papa. Han dicho que era broma. Quizás el mal efecto que ha causado es porque no estamos preparados para que alguien nos diga que rezará por nosotros para que vayamos pronto al cielo.

Lo malo que tienen los medios de comunicación actuales, es que lo que transmitimos, puede ser visto, y por tanto evaluados por millones de personas, las cuales se convierten en jueces de lo que oyen y ven. Máxime la imagen, es todavía más contundente, pues la vestimenta, por ejemplo, junto a la expresión facial y el tono de voz, son mensaje que acompaña al contenido. Así, por ejemplo, más que una broma, el mensaje que transmitían no era qué rezaban para que el Santo Padre alcanzara la beatitud, sino más bien para que cesara su magisterio a causa de la muerte.

La repercusión que ha tenido, según ellos, ante las críticas que les han llegado, han sido de apoyo. Miles de espectadores de su canal les dan ánimo. Ciertamente no se trata de contabilizar cuantos a favor y cuantos en contra – las miles de veces que ha sido replicado el fragmento, suscita más bien una crítica negativa – no es éste el tema.

La oración ha quedado en mal lugar, como algo que se pone al servicio de nuestros deseos. Puesto que fue una broma, Nuestro Señor, seguro que no les tuvo en cuenta. Pero lo que sorprende es la frivolización de la vida eterna. Si podemos afirmar que en nuestra sociedad ya cuesta poner de manifiesto el final del Credo, la vida perdurable. Sólo faltaba que se trivialice con algo que es nuclear en la fe cristiana. Nunca debiera ser “el cielo” lo equivalente al “cuarto de las ratas” con el que se nos amenazaba de pequeños.

Han sido expresiones desafortunadas, tanto por la referencia al papa Francisco, como por la banalización de la oración y la vida eterna.

Por lo visto han suspendido la tertulia, aunque, la mayoría continúan individualmente dando su mensaje por los medios modernos donde nunca se sabe quién te ve. Muchos espectadores no serán doctores en teología como los sacerdotes tertulios, pero tienen una ética que les permite posicionarse ante lo que consideran un doble lenguaje por muy broma que sea. Pareciera que la veracidad de la iglesia queda en entredicho cuando a través de la expresión de un buen deseo – que vaya al cielo- en realidad estamos deseando que ponga fin a su pontificado.


Reconocemos que sin más fue una torpeza y que el obispo de Roma tendrá suficiente empaque para soportar esas bromas.

Para saber más de este grupo, se me ha ocurrido ver y escuchas el último video que han hecho para comunicar el cierre de la tertulia.

El tono del video es de verdadero lamento, no por lo que han hecho, sino por la victimización que hacen de sí mismos. Van enumerando a la par, lo auténticos del celo apostólico que tienen, que ahora reprimen por miedo a ser represaliados. Destacan su generosidad y la autoafirmación de su sacerdocio. La palabra “enemigos” se repite a menudo, Según afirman estamos en tiempos revueltos. El tono es bélico, tanto al inicio como al final con marchas militares e imágenes de ejecuciones. Expresiones como “trincheras de Cristo Rey”, batalla, , guerra, persecución, maldad, calumnia… Los “enemigos”, palabra que se repite a menudo, son no sólo despreciables, sino de poca categoría. Después de vilipendiar a los enemigos afirman que rezan por ellos.  No sabemos si también porque vayan pronto al cielo.

El video deja un mal sabor de boca, marcando los dos bandos: amigos y enemigos.  No entro a juzgar ni la teología que se emana de sus proclamas, ni tampoco los rasgos de personalidad tan rígida dónde la radicalidad excluyente no deja tregua para el diálogo y la reflexión. Me quedo con que debemos de controlar las expresiones cuando se están editando en formatos digitales. Una cosa es la tertulia entre amigos dónde se puede ir a la deriva con comentarios desafortunados y jocosos y otra el dar posibilidad a que millones de personas vean, oigan y juzguen lo que decimos.

Dejan dicho que han sido las televisiones que les han injuriado a ellos. Es decir, son víctimas, mártires, en este caso del YouTube.

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