Obispo de Vitoria: «La Iglesia está incondicionalmente en las soluciones más concretas de la lucha contra la trata de personas»

Entrevista al Obispo de Vitoria, Monseñor Juan Carlos Elizalde

Monseñor Juan Carlos Elizalde es el obispo de la diócesis vasca de Vitoria. También ejerce como presidente de la Subcomisión Episcopal de Migraciones y Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española, que incluye acciones de prevención contra la Trata de Personas y cuya jornada de reflexión y oración se celebró el viernes último. Sumado a este asunto, se refirió a la formación en los seminarios, así como la próxima elección del presidente de la CEE y la llamada ley de amnistía, promovida por el gobierno español. Entretanto, indagamos los motivos de su permanente sonrisa, una actitud muy suya, que el mismo Papa Francisco destacó como la del «obispo alegre».

La Iglesia convocó días atrás a una sentida jornada de oración contra la trata de personas… ¿Qué debe saber la ciudadanía sobre esta lacra social?

De que la trata de personas es la esclavitud del siglo 21, que afecta a las personas más marginadas, peor tratadas y más invisibilizadas, como son las mujeres y las niñas mediante la explotación sexual y laboral.

¿Quiénes están detrás? A veces parece que se encubre o hasta se tolera…

Son redes y mafias para manipular a las personas y explotarlas comercialmente dado que, con ocasión de necesidades límites, las personas quieren migrar en búsqueda de una vida mejor y justamente caen en estas redes y son maltratadas y esclavizadas. Por lo tanto, tendríamos que saber qué perfil de personas son las víctimas, cómo poder detectarlas y ayudarlas.

Se habla de una trata laboral pero también sexual… ¿Cómo los engañan?

Son personas que pueden prometer muchos ingresos a cambio de nada. Por eso, cuando vienen de otros continentes, sean chicas o mujeres con promesas laborales que pueden ser falsas, es fundamental detectar algunos síntomas; por ejemplo, que no tengan documentos, que les hayan retenido la documentación, que vayan pagando una deuda tremenda o que allá sus familias estén sufriendo amenazas. Son todos estos síntomas, los de las víctimas laborales y sexuales. Es fundamental que la gente lo sepa, de manera que pueda detectar e intervenir.

¿Las guerras que se vienen dando en el mundo, agudizan esto?

Por supuesto, las huidas precipitadas desde los países de origen, que están en guerra o donde hay persecución, etc., son un caldo de cultivo ideal para las mafias, porque en ese éxodo queda invisibilizada la trata y por desgracia lo estamos viendo en las últimas guerras.

Entrando a otro tema, hemos visto que en las últimas semanas el Papa se ha interesado por el desarrollo de los seminarios en España y ha dado algunas pautas. Para usted ¿cuál es el balance de lo que se viene haciendo y qué se puede mejorar al respecto?

Hay un interés muy grande de la Santa Sede por promocionar la vocación sacerdotal en las circunstancias optimas, con una buena formación y con una riqueza de calidad en la convivencia. Y que, con un número excesivo de seminarios muy pequeños, no se empobrezca la formación. De fondo, toda la Iglesia quiere eso y la ayuda del Papa va en esa línea con los seminarios de España.

Parece que los números son siempre un desafío…

De lo que se trata es que los seminarios diocesanos o interdiocesanos tengan un número suficiente de seminaristas y reciban una buena formación, de calidad, garantizada por sus responsables, por sus formadores, por los profesores de las facultades de teología. Claro, es casi imposible en diócesis pequeñas con muy pocos seminaristas, de ahí que vayamos hablando de un mapa interdiocesano de seminarios en España, con la debida adaptación a las condiciones concretas de las provincias eclesiásticas, de las regiones y de la diferenciación que hay en España.

En estos días el Papa ha intervenido para hablarle al clero, incluso el prefecto del Dicasterio para el Clero ha hecho lo mismo dentro de un congreso internacional, haciendo énfasis en lo que es intrínseco en el presbítero, como es identificarse con Cristo, servir a los demás… ¿Por qué se pierde esta conexión a veces de los presbíteros, con su misión sustancial?

En vista que ha aumentado tanto el trabajo del presbítero, el horizonte es tan mayúsculo, las vocaciones han disminuido y la edad del clero es cada vez mayor, es lógico que a veces el trabajo pastoral impida el cuidado propio del sacerdote, su vida espiritual, su fraternidad sacerdotal o los estudios permanentes de actualización. Es lógico que el Papa salga un poco en defensa de una formación permanente de calidad, que ayude a seguir alimentando la vocación sacerdotal en las condiciones óptimas.

También han hablado de un acompañamiento, porque a veces hay cierta desilusión por una sociedad tan secularizada…

Las condiciones hoy son muy agresivas. Se impone la necesidad de recursos que ayuden a ofrecer el servicio sacerdotal en las mejores condiciones. En ese sentido, el acompañamiento personal -que ya en el seminario se inicia, incluso antes de entrar al seminario-, se está animando para que sea algo constante como una práctica de la vida cristiana de maduración y algo necesario también, para los matrimonios, para los sacerdotes, para la vida consagrada, para todos los bautizados.

Se habla de la necesidad de volver a un primer anuncio… ¿Cómo ve esta figura?

En Occidente es clarísimo, porque una pastoral de mantenimiento nos encierra en nuestros guetos y en nuestras parroquias. Y hoy por desgracia, la mayor parte de nuestra sociedad es ajena, al menos estadísticamente, al anuncio cristiano y este no se puede dar por supuesto. La transmisión de la fe se ha quebrado en las familias y escuelas. Por eso, desde la Iglesia, sea en las celebraciones de un funeral, en un bautismo o en la eucaristía del domingo, el primer anuncio es importante. Pero también más allá de las fronteras parroquiales. Y allí el sacerdote, junto con los laicos, con los matrimonios, con la vida consagrada, tiene que coordinar este primer anuncio.

Por otro lado, el mundo no sale del asombro de los sonados casos de pederastas… ¿Esto ha sido un descuido en la formación o en la selección de los candidatos al presbiterado? ¿O ya se identifican otras causas a fin de prevenirlo?

Las causas son muy complejas. Son claves la banalización de la sexualidad, separándola de la afectividad y la sobreestimulación de la sexualidad en la sociedad… Dentro de la Iglesia, podemos hablar de la subjetivación de los criterios y de la relativización de la moral.

¿La formación entra también en el análisis?

Por supuesto. También la formación, y, en ese sentido la prevención que hoy se está procurando y el esfuerzo por la transparencia y una mayor formación afectivo-sexual, es de agradecer. Y es una ocasión privilegiada para dar la mejor formación en nuestros seminarios y a nuestros sacerdotes una formación permanente.


Volviendo a España, se viene un proceso para la elección del nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española… ¿Cuál tendría que ser el perfil de quien va a presidir este colegiado en los momentos actuales?

Creo que debe ser un hombre de comunión, de consenso, que, en un momento de polarización eclesial, no nos lleve a extremos incompatibles. Que con liderazgo y con autoridad moral, sea una propuesta rica, no excluyente, dinámica y valiente para la fe cristiana en España.

A nivel de la sociedad, se viene debatiendo la aprobación de una ley que busca la amnistía a quienes atentaron contras las instituciones democráticas y las personas… ¿Cuál debería ser la posición de los creyentes en Cristo ante esta figura?

No puede ser tratado el tema como un tabú, como algo imposible, que no se pueda poner sobre la mesa. Tenemos ejemplos en los cinco continentes, de amnistías que se han concedido después de momentos políticos convulsos, después de guerras, de cambio de gobiernos, etc. Se tienen que dar unas causas graves y unas condiciones justas. Yo creo que hay unos principios básicos que deberían respetarse, como la igualdad ante la ley, la igual dignidad de todos los ciudadanos, el fin que no justifica los medios, etc. Se debe tener en cuenta también el futuro, las posibles reacciones ante esta amnistía y luego también hay que determinar, cuál es el contenido concreto y a quién afecta concretamente esta amnistía.

Usted ha mencionado la sinodalidad… Tanto el sínodo de la sinodalidad, como otras decisiones o enseñanzas que vienen del Papa, son recibidas por algunos con una cierta crispación. ¿Acaso no se quiere entrar a algo nuevo?  

El Papa nos decía a los obispos españoles, que la sinodalidad no trata de cambiar la doctrina, la identidad, la misión, sino la manera de tratarnos, de estar en la Iglesia, de relacionarnos, de colaborar los laicos, sacerdotes y la vida consagrada. Entonces en ese sentido, es una manera nueva de ser y de tratarnos; nueva en el sentido de refrescar los orígenes de la Iglesia.

Siempre ha tratado de responder a los tiempos…

Habrá habido momentos de más oscurecimiento, pero efectivamente, la Iglesia de Vaticano II es sinodal y hoy el aterrizaje concreto en nuestra sociedad y en nuestras diócesis, tiene que actualizarse. Puede haber una prevención de unos y de otros, porque tanto la doctrina de la sinodalidad, como incluso el magisterio del Papa, tienen el peligro siempre de que pueden ser manipulados y desde extremos puede desfigurarse la propuesta que la Iglesia haga.

Hay que estar atentos…

Bueno, son momentos de polarización, efectivamente de nerviosismo y también hay grupos que aprovechan este caldo de cultivo para extremar sus posiciones. Yo creo que cada afirmación del Papa tiene su luz, que es el Espíritu Santo el que asiste al Papa. Y que, efectivamente, después de los sínodos anteriores, el de la Familia, de los Jóvenes, de Querida Amazonía, junto a todas aquellas propuestas que el Papa hace, las conclusiones a que da pie son luminosas, enriquecedoras, en continuidad con la tradición cristiana.

Desafiantes también…

Sí son desafiantes, en cuanto que tratan de responder a las necesidades de hoy y de toda la humanidad, pero sin desconectar de la tradición cristiana y de la identidad sacramental y doctrinal de la Iglesia.

¿Cómo está su diócesis, Vitoria?

Estamos viviendo el sínodo como una bendición. De hecho, tanto el presbiterio como los laicos, así como las delegaciones y servicio de la diócesis, estamos poniendo los temas fundamentales sobre la mesa, los estamos discutiendo con cariño, después de que cada uno muestra su opinión y su parecer. Creo que nos estamos tratando de abrir más al Espíritu Santo, para pensar a ver qué me ha dicho el Señor a través de los hermanos y que las conclusiones prácticas que estamos sacando son de cierta novedad.

Esto los lleva a nuevos planes y proyectos…

En la comunión de la Iglesia, en la tradición de la Iglesia se nos presentan problemas nuevos. Yo estoy contento de este momento, estamos teniendo vocaciones, estamos ganando en concreción de la sensibilidad social, que ha habido siempre en Vitoria, como son las acciones por los más pobres y las personas más vulnerables. Yo soy optimista respecto al futuro.

Hay un fenómeno interesante en su diócesis y en otras en España, como es el alto número de sacerdotes que han migrado a las iglesias locales. ¿Como debe ser la integración con el clero local, de aquellos que vienen a ayudar?

Vitoria es una diócesis misionera; muchos sacerdotes a lo largo del siglo pasado y de este han ejercido su ministerio sobre todo en América Latina y en África, aún quedan algunos… Ahora, otros sacerdotes, sea por estudios o por necesidad pastoral vienen también a ayudarnos.  Entonces ya partimos de una experiencia aprendida, porque sabemos lo que es ser acogidos en otro país, en otra Iglesia. Entonces, con el debido agradecimiento, estamos capacitados para acoger a estos sacerdotes. Somos una iglesia con una rica tradición, con carencias como en todo el mundo, pero la integración está siendo progresiva. Siempre hay pequeños conflictos, pero sin poder generalizar, siendo que de los prejuicios hemos pasado a una colaboración más fluida y fraterna.

A usted siempre se le ve alegre, sonriente y animado… ¿A que sí se puede vivir la «alegría del Evangelio», de la que tanto nos habla y recomienda el Papa Francisco?

Sí claro. Dice el Papa, que «donde está Jesús, nace y renace la alegría». Yo la verdad es que vivo feliz, porque la presencia de Jesús, de su Espíritu, puede más que todas las oscuridades, dificultades y conflictos que tenemos; pero eso es de sentido común.

¿Algún asunto final sobre el que quiera reflexionar?

Se me olvidó decir antes, en el tema de las vocaciones, que claro, es un momento difícil y que hay una sospecha de autoritarismo, de clericalismo y que el tema de los abusos vierte una nube de inseguridad. Pero estamos ante un momento de purificación y como nunca, podemos descender a las raíces evangélicas del sacerdocio para proponer a nuestros jóvenes el sacerdocio tal como la Iglesia lo concibe, tal como comprende la vida consagrada, como un voluntariado de 24 horas. Asimismo, presentar, así como entiende la Iglesia el matrimonio, un sacramento de la presencia de Jesús entre el marido y la mujer. Nunca ha habido tanta necesidad, al menos en nuestra Europa y en Occidente, para que la apuesta y la propuesta cristiana brillen allí, donde el cristiano vive. No son malos tiempos, «vosotros sois los tiempos», decía san Agustín.

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