Sor Juana Inés de la Cruz: estudiar para comprender

Unos breves escritos para leer sosegadamente, meditando en los ricos horizontes de la formación humanística y la libertad de espíritu

“Yo no estudio para escribir, ni menos para enseñar (que fuera en mí desmedida soberbia), sino sólo para ver si con estudiar ignoro menos”. Estas palabras son de Sor Inés de la Cruz (1648-1695), religiosa jerónima mexicana, escritora del barroco español tardío, recogidas en una reciente publicación Contra la ignorancia de las mujeres (Taurus, 2023) compuesta por dos escritos suyos: Respuesta a sor Filotea de la Cruz (1891) y Carta a su confesor “Autodefensa espiritual”. Dos breves y sustanciosos escritos que dan una visión atractiva de la calidad intelectual y espiritual de sor Juana Inés de la Cruz. Había oído habar de ella y encontrarla en este breve libro ha sido un gozoso hallazgo, una invitación a estudiar para comprender.

En el primero de los textos (Respuesta…) nuestra autora hace una breve referencia a su itinerario intelectual para explicar el amor a las letras que tuvo desde pequeña: “es que desde me rayó la primera luz de la razón, fue tan vehemente y poderosa la inclinación a las letras, que ni ajenas reprensiones -que he tenido muchas-, ni propias reflejas -que he hecho no pocas-, han bastado a que deje de seguir este natural impulso que Dios puso en mí” (p. 17). Aprendió a leer a los tres años. En la biblioteca de su abuelo encontró libros clásicos y piadosos lo que le permitió moverse con facilidad en el conocimiento de personajes de la cultura antigua y medieval. En este escrito, cita a los clásicos y a las Sagradas Escrituras en latín (la edición no coloca la traducción al español), por lo que hay que esforzarse en comprender el sentido texto (en más de una cita mi rudimentario latín ha sido insuficiente).

Lee para estudiar y, también, por diversión; le atraía todo, de ahí su amplia cultura. Una formación autodidacta de corte humanístico. Esta exquisita cultura no pasó desapercibida en su época, no faltando las incomprensiones con su dosis de envidia por aquellos que se consideraban más versados en conocimientos. Lo señala así: “Menos intolerable es para la soberbia oír las reprensiones, que para la envidia ver los milagros. En todo lo dicho venerable Señora no quiero (ni tal desatino cupiera en mí) decir que me ha perseguido por saber, sino sólo porque he tenido amor a la sabiduría y a las letras, no porque haya conseguido ni uno ni otro” (pp. 39-40). Me entusiasma este amor a la sabiduría de nuestra autora, quien buscaba estudiar para salir de la ignorancia, para comprender mejor la realidad. Un empeño que, tanto para ella como para nosotros, se continúa a lo largo de la vida. Estudiar, simplemente estudiar, y no es poco.


El segundo escrito es más breve e, igualmente, luminoso. Sor Inés de la Cruz le dirige una carta a su director espiritual. Una carta en la que hace una defensa de su talante espiritual e intelectual frente a las exigencias desmedidas por parte de su director espiritual que, por el tenor de la misiva, en lugar de hacerla crecer, la constriñe en su camino de santidad. Le escribe: “Pues ¿por qué en mí es malo lo que en todas fue bueno? ¿Sólo en mí me estorban los libros para salvarme? Si he leído los profetas y oradores profanos, también leo los Doctores Sagrados y Santas Escrituras, de más que a los primeros no puedo negar que les debo innumerables bienes y reglas de bien vivir”. Dejando a salvo las buenas intenciones de su director espiritual, Sor Inés de la Cruz resalta el particular camino que cada alma tiene en su camino hacia Dios; él de ella pasa por el estudio, la creación artística, compatible con sus obligaciones de religiosa. Pues, “los preceptos y fuerzas exteriores si son moderados y prudentes hacen recatados y modestos, si son demasiados, hacen desesperados; pero santos sólo la gracia y auxilios de Dios saben hacerlos” (p. 86). El acompañamiento espiritual no trata a las almas en serie.

Unos breves escritos para leer sosegadamente, meditando en los ricos horizontes de la formación humanística y la libertad de espíritu.